A comienzos de agosto, Estados Unidos propuso a Beirut un plan para desarmar gradualmente a Hezbollah antes de fin de año, condicionado la retirada israelí de posiciones fronterizas. La iniciativa busca reducir el potencial ofensivo del grupo sin desmantelar el tejido social que lo sostiene, evitando que comunidades locales queden expuestas a un vacío de poder.
El desafío es doble: neutralizar las capacidades militares del grupo y mantener la estabilidad social que le permite operar sin convertirse en un conflicto abierto. La propuesta estadounidense combina incentivos diplomáticos, seguridad garantizada para civiles y presión política sobre el gobierno libanés, intentando evitar que el desarme forzoso genere nuevas amenazas terroristas.
El plan se estructura en cuatro fases. La primera exige que Beirut emita un decreto comprometiéndose a desarmar al grupo antes del 31 de diciembre de 2025, mientras Israel cesaría operaciones militares. En la segunda fase, Líbano implementaría un plan detallado del ejército para centralizar las armas bajo control estatal, y Tel Aviv retiraría tropas y liberaría prisioneros con coordinación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). La tercera fase contempla la retirada de los últimos puntos ocupados y la financiación de la reconstrucción de infraestructura. Finalmente, en la cuarta fase, se desmantelarían las armas pesadas de Hezbollah y se organizaría una conferencia internacional para apoyar la economía libanesa y la recuperación del país.
El líder de la organización, Naim Qasem, reiteró el pasado 25 de agosto el rechazo del grupo a entregar sus armas, antes de que se inicien conversaciones entre el gobierno de Líbano y emisarios estadounidenses. "No entregaremos las armas que nos protegen de los ataques", afirmó Qasem en un mensaje televisado.
Palabras clave: Hezbollah – Líbano – EEUU – desarme – terrorismo
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