La tensión entre Israel y la República Islámica de Irán se viene incrementando tras el ataque de principio de mes al consulado iraní en Damasco, Siria. El lunes primero de abril bombardearon el edificio de la República Islámica en la capital siria, causando la muerte de siete integrantes de la Guardia Revolucionaria iraní, entre ellos, la de Mohamed Reza Zahedi, uno de sus comandantes de más alto rango. Los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países afectados denunciaron que el ataque provino de aviones israelíes.
El pasado martes, desde la República Islámica el comandante actual de la Guardia Revolucionaria dijo que no los golpean sin contraatacar, aunque tampoco se precipitan en las represalias. Planteó que podrían cerrar el estrecho de Ormuz -por donde pasa una quinta parte del petróleo del mundo- pero que, por el momento, no lo harían. No obstante, si continúan las provocaciones, podrían considerarlo. Además, reafirmó que la presencia de Israel en los Emiratos Árabes Unidos persigue fines militares y, por lo tanto, lo consideran una amenaza.
Durante el miércoles, continuó la escalada. El líder supremo reiteró que tomarían represalias contra Israel -cosa que ya había afirmado al día siguiente del bombardeo-. Y, en respuesta a esto último, el ministro de Asuntos Exteriores del Estado judío, Israel Katz, advirtió que atacarían directamente a Irán si el país lanzaba un ataque desde su territorio.
En este contexto, en la comunidad internacional diversos actores han hecho declaraciones sobre la situación. El grupo terrorista Hezbollah se ha expresado en apoyo a Irán, reconociendo el derecho de tal estado a castigar al país judío, entendiendo la situación del consulado como un punto de inflexión desde los ataques del siete de octubre en Israel. Desde los Estados Unidos, por otro lado, aseguraron no haber participado del ataque y advierten la posibilidad de una inminente ofensiva por parte de Irán.