IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 5 de diciembre de 2024

Entre tensiones desbordadas y oportunidades. El rol de los actores extrarregionales en Medio Oriente

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
5 de diciembre de 2024 6 min Medio Oriente 1.187 palabras
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La región de Medio Oriente enfrenta un escenario de seguridad en abierta descomposición. Como eje conflictivo central, la campaña israelí en Gaza continúa tras la ofensiva militar posterior a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Durante el transcurso de 2024, las tensiones se han desbordado decididamente debido a la incapacidad y desinterés de los principales actores para negociar y establecer acuerdos de paz firmes que brinden alivio a las poblaciones.

El marcado fracaso de las negociaciones entre Israel y Hamás, mediadas por Estados Unidos, Egipto y Qatar, respecto a una tregua humanitaria en una Gaza reducida a escombros, ha derivado en una expansión de la guerra en términos espaciales. El eje iraní y sus aliados en Iraq, Siria, Líbano y Yemen continuaron sosteniendo represalias contra Israel. Mientras los huthíes en Yemen afectaron la navegación comercial en el Mar Rojo, Hezbollah hostigó el norte israelí con ataques de misiles y drones, y Teherán y Tel Aviv protagonizaron una inédita escalada bélica, lo que añadió mayores niveles de incertidumbre a la conflictiva rivalidad regional. En septiembre de 2024, una nueva expansión de la guerra comenzó con la avanzada terrestre de las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI) en el sur del Líbano, precisamente al norte de la Línea Azul - zona de demarcación establecida por la ONU en la Resolución 1701-, que continuó hasta el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 27 de noviembre, el cual estableció una suerte de statu quo ante y progresivo retiro de las FDI hacia el sur.

Pocos días después, milicias pro-turcas y pro-occidentales concentradas en torno al Ejército Nacional Sirio y Hay’at Tahrir al-Sham (ex Jabhat al-Nusra, ex al-Qaeda), descongelaron el conflicto en Siria, tras una ofensiva abrupta e inesperada. Desde el bastión de Idlib, en el norte del país, lograron capturar Alepo y hacer retroceder al Ejército Árabe Sirio y sus aliados hacia posiciones más seguras en el sur, así como a las Fuerzas Democráticas Sirias, integradas por kurdos y árabes y apoyadas por EEUU.

En este contexto, las iniciativas de los principales actores extrarregionales en Medio Oriente giraron en torno a intereses geopolíticos y económicos, principalmente en el área energética, dentro de un marco más amplio de hegemonía debilitada del orden internacional vigente. A pesar de la capacidad de agencia que han desarrollado los estados más poderosos, Medio Oriente permanece como una arena de competencia geopolítica externa mayor.

Para el gobierno estadounidense, la incertidumbre previa a las elecciones presidenciales y las perspectivas de un nuevo período de Donald Trump en la Casa Blanca, tras su victoria en noviembre, resultaron determinantes. La administración saliente de Joseph Biden concentró sus acciones en la gestión de la guerra de Israel en Gaza. Por un lado, aseguró la provisión de armamentos requeridos por su principal aliado en la región, mientras presionaba infructuosamente al gobierno de Netanyahu para lograr una tregua humanitaria, una prioridad política para el electorado demócrata que perdió peso tras la victoria republicana. Por otro lado, Washington intentó gestionar la escalada

entre Israel e Irán para evitar una guerra que implique un mayor involucramiento estadounidense en la región.

En un grado menor de incidencia, las potencias europeas, particularmente Francia, Alemania, y el Reino Unido de Gran Bretaña, mantuvieron un estricto alineamiento con las iniciativas estadounidenses en la región y, sobre todo, su apoyo a Israel. Sin embargo, tras las medidas tomadas por la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, que expresaron la posibilidad de genocidio en Gaza y emitieron órdenes de captura contra Netanyahu, el exministro de Defensa Noah Gallant y líderes de Hamás responsables del ataque del 7 de octubre, las posiciones europeas se mostraron ambiguas y divididas. Mientras países como Bélgica, Países Bajos, Irlanda, Lituania, Eslovenia y España afirmaron que ejecutarían la orden de detención, Italia y Hungría, y particularmente, los gobiernos del presidente francés Emmanuel Macron y del canciller alemán Olaf Scholz, objetaron la decisión de la corte de La Haya.

En otro orden, China y Rusia han desplegado sus intereses en la región, condicionados por sus contextos internos. Respecto a la cuestión palestina, a pesar de revalidar la histórica posición que han tenido en favor de un Estado palestino como solución al conflicto con Israel, mantuvieron un prudente perfil bajo. El ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, ofició como anfitrión de una serie de encuentros entre facciones palestinas para acordar unidad política. En julio, se firmó en Beijing un acuerdo de unidad política que incluiría tanto a Hamás como a Fatah. Sin embargo, el camino hacia adelante es arduo.

El compromiso más sólido de China en Medio Oriente pasa por mantener la estabilidad, debido mayoritariamente a su agenda comercial y de inversiones creciente con los países del Golfo, pero sobre todo por su vínculo con Irán, su principal proveedor de crudo. La escalada bélica preocupa a China, tanto por la perspectiva de ataques israelíes a terminales de exportación en el Golfo Persa, por donde Teherán exporta su producción hacia China, como también por las señales de Trump acerca de un endurecimiento de las sanciones contra el sector energético persa, lo que elevaría los precios del petróleo. En relación a esta vulnerabilidad, el medio Al-Monitor informó, el 30 de noviembre, que Irán estaría considerando inversiones de seis mil millones de dólares en infraestructura de transporte en Afganistán para reforzar su rol logístico hacia China a largo plazo, mostrando un enfoque pragmático en relación al gobierno talibán.

En una línea similar se encuentra Rusia. Tras su intervención en la guerra siria en 2015, desplegó iniciativas diplomáticas para apuntalar su influencia como mediador en Medio Oriente ante la retirada estadounidense. No obstante, la guerra en Ucrania y la confrontación con la OTAN obligaron a Moscú a dedicar sus recursos militares exclusivamente al frente europeo. Rusia fortaleció su relación con Irán para eludir las sanciones occidentales con herramientas alternativas de pago internacional. Además, incrementaron la cooperación militar y el intercambio de armamentos como misiles y drones Shahed de fabricación iraní, ampliamente desplegados en Ucrania. Debilitados por sus respectivos enfrentamientos, el reciente estallido en Siria los sitúa de cara a sus propias limitaciones. La ventana de oportunidad que rápidamente ocuparon los enemigos

de Bashar al-Assad compromete seriamente los intereses de Moscú; aunque los desarrollos sean muy recientes, un avance más profundo hacia el sur aislaría la base área de Jmeimim y la base naval de Tartús. La posibilidad de perder el punto de apoyo en el mar Mediterráneo dificultaría el despliegue logístico, afectaría decisivamente la presencia rusa en África, y forzaría a Rusia a dedicar mayores recursos en Siria, comprometiendo sus esfuerzos en Ucrania.

A modo de conclusión, a lo largo del 2024, la volatilidad en Medio Oriente, aun teniendo dinámicas de peso propias que conducen los acontecimientos, refleja la incertidumbre que los intentos de reconfiguración del orden internacional generan. La gestión infructuosa de las tensiones bilaterales y el cúmulo de intereses superpuestos tanto de actores regionales como extrarregionales, otorgan mayor complejidad a una región que se divide cada vez más entre actores internacionales y escenarios de competencia geopolítica.

Palabras clave: Medio Oriente – EEUU – China – Rusia – Unión Europea

Fuentes

anfespanol.com es.euronews.com al-monitor.com

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