Al revisar los datos del segundo trimestre de 2025, se observa que Arabia Saudita logró un aumento del 17,8 % en sus exportaciones no petroleras. El impulso vino sobre todo de un salto del 46,2 % en las reexportaciones y de un crecimiento más moderado, del 5,6 %, en las exportaciones nacionales no petroleras. Llama la atención el desempeño de la maquinaria, cuyas ventas externas crecieron más de un 120 % y ya representan una quinta parte de las exportaciones no petroleras. De la misma manera, el sector químico también mostró avances significativos. Estos datos sugieren que la estrategia de diversificación de la Visión 2030 empieza a mostrar resultados palpables.
Sin embargo, el panorama completo obliga a matizar el optimismo. Las exportaciones totales de mercancías cayeron un 7,3 % interanual, arrastradas por una contracción del 15,8 % en el petróleo crudo. La participación del petróleo en la canasta exportadora descendió del 74,7 % al 67,9 %, una señal de cambio, aunque todavía insuficiente para escapar de la vulnerabilidad a la volatilidad energética.
Otro indicador interesante es la relación entre exportaciones no petroleras e importaciones, que pasó de 35,8 % a 37,3 %. Puede ser un síntoma de mayor competitividad, pero aún es pronto para afirmarlo con certeza.
Más allá de las cifras, es importante remarcar la tensión existente entre las dos realidades del país: el avance económico hacia nuevos sectores productivos y, al mismo tiempo, la dificultad para desligarse de la lógica del crudo. Esa dualidad explica tanto los logros como las fragilidades del presente saudí.
En mi opinión, los datos confirman importantes progresos en la materia, pero recuerdan que la diversificación productiva es un proceso largo y exigente. Lo valioso es que, por primera vez en años, se observan cifras consistentes que respaldan esa transición.
Palabras clave: Arabia Saudita – economía – Visión 2030
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