A un año del conflicto entre Hamás e Israel, donde la escalada de violencia ha dejado un gran saldo de víctimas, la región de Oriente Medio y Norte de África ha desarrollado profundas ramificaciones. Es precisamente en el Norte de África donde las reacciones no son homogéneas, pero sí muestran una clara inclinación hacia la causa palestina. La postura de algunos es firme y se posicionan de un lado de la grieta, mientras que otros expresan coincidencias en ciertos requerimientos, pero con matices debido al desarrollo de relaciones diplomáticas con los involucrados en el conflicto.
Marruecos adopta una postura dual. Desde los sucesos de octubre de 2023, el país ha estado involucrado en la ayuda humanitaria, transportando suministros a Gaza. De este modo, su accionar refleja un compromiso con el Derecho Internacional y las necesidades del pueblo palestino, a pesar de ser signatario de los Acuerdos de Abraham. Estos acuerdos, firmados por Emiratos Árabes, Bahréin, Sudán y Marruecos, buscan normalizar las relaciones con Israel, auspiciados por Estados Unidos durante la administración Trump. Este giro más amplio de Israel intenta mejorar sus relaciones diplomáticas, comerciales, tecnológicas y militares con el mundo árabe-musulmán. Rabat, mediante este acontecimiento, obtuvo el reconocimiento de su soberanía sobre el Sahara Occidental por parte de Tel Aviv.
Es, quizás, este punto lo que limita la postura marroquí frente al conflicto. Aun así, su sociedad civil se manifiesta favorablemente a la causa palestina y al no reconocimiento del Estado de Israel. Rabat enfrenta el desafío de mitigar la polarización del público, que se encuentra firmemente posicionado, y mantener los vínculos con Israel, aunque se hallen paralizados por la coyuntura. Un ejemplo de ello es que la guerra ha afectado una de las áreas de cooperación bilateral más prósperas: el turismo.
No obstante, Marruecos es consistente en su apoyo a la solución de los dos Estados, al envío de ayuda humanitaria a Gaza, y al llamado a un alto al fuego. Simplemente, equilibra estos aspectos con sus intereses estratégicos en relación con Israel, lo que fue evidente en una Conferencia Árabe Islámica celebrada en Riad, donde optó por no respaldar acciones específicas contra sus vínculos con el Estado judío, como la decisión de mantener a su embajador en Tel Aviv.
Una postura más firme es de Argelia hacia Palestina. Su clara condena hacia Israel lo responsabiliza por la escalada de violencia, reivindicando el derecho de los palestinos a luchar contra la ocupación
sionista. En su campaña electoral, el presidente Tebboune mencionó que su país no tenía intenciones de abandonar la causa palestina, reafirmando su postura al proponer la construcción de hospitales en Gaza y ofrecer apoyo humanitario. Aunque en momentos se interpretaron tales declaraciones como una señal de que Argelia podría intervenir militarmente, el gobierno aclaró que sus intenciones son humanitarias y su posición, pacifista.
Constantemente, el gobierno argelino responsabiliza a Israel por la guerra y los efectos que ésta conlleva, culpándolo por la ocupación de colonos israelíes, que consideran el núcleo del conflicto. También ha solicitado en reiteradas ocasiones la intervención internacional para poner fin al conflicto y otorgar protección al pueblo palestino, reivindicando sus legítimos derechos a establecer un Estado independiente en las fronteras de 1967.
Entre protestas y sentimientos pro-palestinos se alza el pueblo tunecino, que ha realizado múltiples manifestaciones desde el comienzo del conflicto. Si bien Túnez es un país fragmentado por sus crisis internas, ahora ha logrado unirse. Su presidente, Kais Saied, ha sido muy crítico con la comunidad internacional, particularmente con Francia y Estados Unidos, a quienes él y la sociedad civil acusan de apoyar las acciones de Israel. Se le reclama a Occidente por su parcialidad. Desde el gobierno tunecino, se ha instado a los miembros del Consejo de Seguridad a poner fin a la muerte de civiles con un alto al fuego, y al colonialismo practicado en la región. Asimismo, a nivel interno, se analiza un proyecto de ley para criminalizar cualquier tipo de relación con entidades sionistas.
A lo largo de un año de conflicto, el Norte de África ha evidenciado reacciones diversas que reflejan una inclinación mayormente solidaria hacia la causa palestina. Aunque Marruecos busca equilibrar su apoyo humanitario con sus relaciones diplomáticas, Argelia toma una postura firme contra Israel, y Túnez se une en protestas masivas en favor de Palestina. Estas dinámicas evidencian las complejidades y tensiones que configuran una región en un contexto de creciente violencia.