En 2024, la situación de los refugiados en la región del MENA (Medio Oriente y Norte de África) sigue siendo crítica, con varios conflictos en curso que han provocado desplazamientos masivos y agravado las crisis humanitarias. Entre los eventos más destacados se encuentra la guerra entre Israel y Palestina, que estalló en octubre de 2023 con un ataque de Hamas a Israel. Este conflicto, que rápidamente escaló en una guerra prolongada, dejó miles de muertos y millones de desplazados, tanto en Gaza como en Israel. Más de dos millones de personas fueron desplazadas dentro de Gaza, mientras que miles de palestinos migraron en busca de refugio. La situación humanitaria en Gaza se ha deteriorado gravemente debido a la escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos, afectando a la población refugiada palestina que ya vivía en condiciones precarias en países vecinos como Líbano, Siria y Jordania.
Israel, por su parte, ha tenido varios desacuerdos con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), principalmente en relación con el trato a los refugiados palestinos, los solicitantes de asilo y sus políticas migratorias. Uno de los principales puntos de tensión, no solo en este contexto sino a lo largo de los años, ha sido la cuestión de los refugiados palestinos. Tras la creación de Israel en 1948 y la guerra que siguió, cientos de miles de palestinos se convirtieron en refugiados. Aunque ACNUR ha brindado asistencia a estos refugiados, Israel no los reconoce de la misma forma que a otros grupos. Desde la perspectiva israelí, la situación de los palestinos es única debido al conflicto político y territorial en curso, mientras que ACNUR, como agencia humanitaria, insiste en la necesidad de respetar los derechos de los refugiados, incluyendo su derecho al retorno o a ser compensados.
El derecho al retorno de los refugiados palestinos es otro punto clave de conflicto. Israel se opone a esta demanda, argumentando que permitir el regreso masivo de palestinos pondría en peligro la naturaleza del Estado judío. En cambio, ACNUR aboga por aplicar las normativas internacionales, que incluyen la posibilidad de regresar a sus tierras o recibir compensación. ACNUR ha expresado además preocupaciones sobre las condiciones de los centros de detención en Israel, donde los migrantes y solicitantes de asilo enfrentan condiciones que no cumplen con los estándares internacionales. También ha señalado la falta de acceso adecuado al proceso de asilo, lo que ha generado críticas al tratamiento de estos grupos vulnerables. La relación entre ambas partes ha estado marcada por desacuerdos sobre cómo abordar la situación de los refugiados, especialmente los palestinos, y sobre las políticas de inmigración de Israel. Mientras que ACNUR defiende los derechos humanos y la aplicación de las normativas internacionales, Israel prioriza sus preocupaciones de seguridad nacional y control migratorio, lo que ha dado lugar a una persistente discrepancia en los enfoques.
Mientras tanto, la guerra civil en Siria, en su decimotercer año, sigue siendo una de las mayores crisis de refugiados del mundo. En 2024, más de seis millones de sirios permanecen desplazados dentro del país, mientras que otros 5,6 millones viven como refugiados en países vecinos,
principalmente en Turquía, Líbano, Jordania e Irak. Las condiciones en los campamentos de refugiados sirios son extremadamente difíciles, con acceso limitado a servicios básicos como salud y educación, lo que perpetúa su vulnerabilidad. Desde septiembre de 2024, los bombardeos israelíes en áreas civiles en Líbano han provocado el desplazamiento masivo de más de un millón de personas, incluidas personas libanesas, trabajadoras migrantes y refugiados sirios y palestinos. Alrededor de 400,000 de ellos han huido hacia Siria, creando un fenómeno inverso a la migración ocurrida tras el inicio de la guerra civil siria en 2011.
Este desplazamiento bidireccional refleja la naturaleza cíclica de las crisis en la región y subraya la interdependencia histórica entre ambos países, donde cada uno ha servido como refugio para el otro en tiempos de conflicto. Desde la guerra civil libanesa (1975-1990) hasta el conflicto de 2006, miles de libaneses encontraron refugio en Siria, dinámica que se revirtió en 2011 cuando Líbano acogió a un millón de sirios. Sin embargo, como Líbano no ha firmado la Convención sobre Refugiados de 1951, no reconoce formalmente el estatus de refugiado, dejando a estas personas en una situación legal precaria.
En la reciente crisis, los libaneses de áreas de Hezbolá en el sur y el valle de la Bekaa están huyendo a Siria, pese a su inestabilidad, al considerarlo un refugio menos peligroso que Líbano en este momento. Tanto libaneses como sirios consideran este movimiento temporal y motivado por la urgencia, sin intención de establecerse de forma permanente en Siria. Esto demuestra la fragilidad del sistema de refugio internacional, que generalmente asume desplazamientos unidireccionales y estáticos, sin adaptarse a las realidades fluidas y reversibles de regiones en conflicto como Medio Oriente.
Libia, aunque en una situación de relativa calma en comparación con los años anteriores, sigue siendo un punto crítico para los migrantes y refugiados de África subsahariana que intentan llegar a Europa. La falta de gobernanza estable y los continuos enfrentamientos en el país obligan a muchas personas a huir con la esperanza de llegar a Europa a través del Mediterráneo. Sin embargo, el peligro en este trayecto es enorme, y muchas vidas se pierden en el intento.
El empeoramiento de la crisis en Sudán ha llevado a cerca de 97,000 personas refugiadas a Libia, donde enfrentan condiciones extremas en puntos de entrada como Al Kufra, desbordado por la llegada diaria de sudaneses. Ante la falta de infraestructura y apoyo adecuado, ACNUR ha intensificado su asistencia en el este de Libia con suministros básicos y equipamiento médico. No obstante, el contexto en la región sigue siendo altamente complejo y peligroso.
En términos de protección, el acceso seguro sigue siendo limitado. Según Sivanka Dhanapala, director de ACNUR, aunque los cruces hacia el Mediterráneo han disminuido este año, los migrantes aún enfrentan graves amenazas de violencia, trata y abuso en su trayecto hacia Europa. ACNUR y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) solicitan una respuesta integral que aborde tanto las causas de la migración irregular como el fortalecimiento de vías seguras y accesibles para quienes necesitan protección internacional.
De este modo, la migración hacia Europa sigue siendo un desafío importante para la región. A pesar de los esfuerzos por reducir las llegadas, muchos refugiados de Siria, Afganistán, Irak y otros países de la región continúan arriesgando sus vidas para llegar a Europa. La UE sigue intentando gestionar estos flujos migratorios, pero las políticas continúan siendo divisivas, y muchos países europeos muestran reticencia a aceptar más refugiados.
A lo largo de toda la región, organizaciones humanitarias como ACNUR y la Cruz Roja continúan con su labor, aunque enfrentan dificultades debido a la violencia, el bloqueo de acceso en algunas áreas y la falta de financiación. La crisis económica global también ha impactado la capacidad de los países anfitriones para atender a los refugiados, lo que agrava aún más las condiciones de vida de millones de personas desplazadas.
En resumen, 2024 ha sido otro año de enormes desafíos para los refugiados en la región MENA. Los conflictos prolongados, las nuevas crisis y los desplazamientos masivos continúan afectando a millones de personas en condiciones de extrema vulnerabilidad. Aunque se han hecho esfuerzos para mitigar los efectos de estas crisis, las soluciones sostenibles parecen aún lejanas, y la región sigue siendo una de las más afectadas por el desplazamiento forzado en el mundo.
Palabras clave: Refugiados - Palestina - Israel - ACNUR - Siria - Líbano