A fines de marzo, Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, había manifestado durante su estadía en África un inusitado optimismo sobre la solución política al conflicto en Libia. Tan sólo cuatro días después, la ofensiva de las fuerzas de Haftar hacia Trípoli, antigua capital y sede del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), trastocó la tensa calma y sumió a Libia en una de las peores crisis desde el inicio del conflicto en 2011.
El Ejército Nacional Libio (LNA), facción comandada por Haftar, inició las operaciones ocupando Gharyan, a 100 km al sur de Trípoli, donde entraron en contacto con las milicias del GNA. Tras lanzar su contraofensiva éstas lograron detener una partida de 145 efectivos en la periferia de la capital. Posteriormente se registraron bombardeos aéreos en el sur de la ciudad y enfrentamientos en el aeropuerto.
Las reacciones se sucedieron de manera frenética: el Consejo de Seguridad y autoridades de Rusia, EEUU y Egipto han rechazado la nueva campaña y expresado su respaldo a una solución negociada; en la UE llamaron a las partes a bajar la tensión mientras abordarían la crisis en Luxemburgo en los próximos días; el mismo Guterres concretó una reunión en la ciudad de Benghazi con Haftar y el presidente del Parlamento en Tobruk.
El dato político de esta nueva operación militar radica en que se produce antes de la conferencia de la ONU prevista para el 14 de abril en Ghadames –finalmente aplazada– para elaborar un plan de paz y elecciones para Libia. El líder del GNA, Fayez Serraj, reconocido por la ONU como primer ministro libio, acusó a Haftar de dinamitar el proceso de paz e iniciar la ofensiva para mejorar su posición negociadora.
https://www.aljazeera.com/news/2019/04/libya-evacuates-refugees-postpones-peace- talks-violence-190409103500581.html
https://www.europapress.es/internacional/noticia-comunidad-internacional-exhibe- consenso-unanime-pedir-fin-combates-tripoli-20190406155531.html