Una delegación iraní llegó a Arabia Saudita el pasado miércoles 12 de abril, allanando el camino para la reapertura de las misiones diplomáticas. Mientras tanto, los rivales del Golfo se preparan para normalizar las relaciones, siete años después de hacerse oficial la ruptura del vínculo entre ambos países.
Los dos países habían sostenido varias rondas de diálogo en Irak y Omán antes de llegar al acuerdo en Beijing, negociado durante cinco días entre el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamkhani, y el ministro de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Arabia Saudita, Musaed bin Mohammed al-Aiban. En marzo, el presidente chino, Xi Jinping se desempeñó como el principal facilitador del acuerdo, lo que reflejó la creciente influencia de Beijing en Medio Oriente. El logro del compromiso representa no sólo un triunfo para una región asolada por múltiples conflictos, sino también para Beijing, significando un gran paso adelante en su rivalidad con Washington y en su poder de influencia en el sistema global.
A este escenario de detente se sumó la visita del ministro de Relaciones Exteriores de Siria, Faisal 2 Mekdad, a Jeddah. Es el primer viaje de este tipo desde que estalló la guerra civil del país en 2011. En su visita, Mekdad discutirá la crisis de Siria, incluidos los medios para alcanzar una solución política que preserve la unidad, la seguridad y la estabilidad del país. Otro avance serían las posibilidades de un cese al fuego en el conflicto en Yemen que cursa ya su octavo año. En los últimos días, los saudíes y los hutíes han llegado a un acuerdo para extender el alto el fuego alcanzado el año pasado hasta finales de 2023, creando un nuevo impulso para un fin diplomático del conflicto.
Palabras clave: Arabia Saudita - Irán - China