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FRAME 01/14 · 12 de octubre de 2022

El concierto internacional de cara a la guerra en Medio Oriente: entre la cautela y la incertidumbre

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
12 de octubre de 2022 4 min Medio Oriente 853 palabras
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Con el inicio de la operación “Diluvio de Al-Aqsa”, como denominó Hamás a los ataques del 7 de octubre en suelo israelí, se abrió un nuevo capítulo del extenso conflicto palestino-israelí. Tras el asesinato de unas 1200 personas y el secuestro de rehenes israelíes por parte de Hamás, el gobierno de Netanyahu declaró la guerra y comenzó una ofensiva militar sobre la Franja de Gaza, una de las zonas de mayor densidad poblacional del mundo. La campaña israelí estuvo marcada desde el inicio por bombardeos masivos sobre Gaza, reduciéndola a escombros y elevando la cifra de muertos a 42.000 personas un año después, según informó el ministerio de Salud de Gaza en octubre del 2024.

Durante los días posteriores al 7 de octubre, unos 42 países condenaron inequívocamente a Hamás en apoyo a Israel, mientras que países de la región como Qatar, Arabia Saudita, Iraq, Siria, Kuwait, entre otros, remarcaron la responsabilidad de Israel ante los ataques. La mayoría de las naciones optaron por una postura de mayor cautela, condenaron los hechos de violencia y exigieron un cese de hostilidades en Gaza y la liberación de los rehenes.

Sin embargo, la magnitud de la ofensiva militar de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) sobre la población gazatí, la destrucción de la Franja, el aumento de la violencia en Cisjordania y el fracaso internacional en la búsqueda de una solución diplomática condujeron hacia un progresivo aislamiento internacional de Israel. Ante la incapacidad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para influir en el conflicto, varios países, entre ellos Brasil, Colombia, Bolivia, Arabia Saudita y Argelia, apoyaron a Sudáfrica en sus acciones ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y la Corte Penal Internacional (CPI). La CIJ dictó tres medidas cautelares entre enero y mayo, ordenando a Israel “tomar todas las medidas posibles para prevenir un genocidio en Gaza”. Por su parte, la CPI emitió órdenes de detención por crímenes de guerra contra Netanhayu, el ministro de Defensa israelí Gallant y los líderes de Hamás Yahya Sinwar, Mohammed Deif e Ismail Haniyeh, estos dos últimos abatidos por Israel en sus ataques en Gaza y Teherán respectivamente.

A un año del comienzo de la guerra, con la extensión de las operaciones de las IDF en el Líbano y la escalada entre Irán e Israel, su centralidad no ha dejado indiferente a ningún Estado. Los principales aliados de Israel no han dudado en posicionarse a favor del gobierno. Estados Unidos mantuvo sin fisuras su alianza con Tel Aviv, tanto a nivel diplomático en el Consejo de Seguridad como a nivel militar con la provisión constante de armamento, municiones, inteligencia militar y defensa antiaérea frente a los bombardeos iraníes del 13 de abril y del 2 de octubre del 2024. No obstante, a lo largo del año las tensiones en la sociedad estadounidense han ido en aumento, y, a pesar del sólido apoyo de la Casa Blanca, la coyuntura política de EEUU ha condicionado al gobierno de Biden, que intenta mantener la estabilidad geopolítica en la región de cara a las elecciones presidenciales de noviembre. La perspectiva de una escalada regional incide directamente en el proceso electoral, ya que podría afectar los precios internacionales del crudo o interrumpir la logística comercial en el golfo Pérsico, por donde transita el 30% de la oferta mundial de petróleo.

Por su parte, China sostuvo su tradicional postura en apoyo de la causa palestina y la defensa de la solución de los Dos Estados. Beijing depende del petróleo iraní, siendo prácticamente su comprador exclusivo frente a las sanciones occidentales, por lo que su interés en la estabilidad regional es prioritario. En la región afianzó sus lazos con los países árabes y buscó estrechar relaciones con las distintas facciones palestinas, con el objetivo de poner fin a las divisiones. Rusia, que tradicionalmente cultivó relaciones con todos los actores en la región, también consolidó su alianza estratégica con Teherán, y si bien mantiene intereses estratégicos en la región, concretamente en el puerto de Tartús en Siria, su foco en la guerra de Ucrania y la preponderancia de EEUU al lado de Israel limitaron el rol de mediador que intentaba desplegar antes del 2022.

Por otro lado, el conflicto en Medio Oriente resaltó las divisiones en la Unión Europea. España, Irlanda y Noruega reconocieron al Estado de Palestina en mayo del 2024. Alemania, bajo el gobierno del canciller Olaf Scholz, se constituyó en uno de los principales defensores de la posición israelí en Europa, mientras que Francia e Italia se distanciaron en los últimos meses, particularmente tras los bombardeos israelíes en Beirut, Líbano y el reciente ataque de las IDF en octubre a la base de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) en la Línea Azul, resultando heridos dos cascos azules italianos.

Sin perspectivas de paz en el corto plazo, las potencias buscan gestionar la escalada militar entre Irán e Israel y evitar que la guerra actual se extienda a la región entera; un error de cálculo podría derivar en consecuencias impredecibles.

Palabras clave: potencias extrarregionales – Irán – Gaza – Israel - CIJ

Fuentes

aa.com.tr washingtoninstitute.org icj-cij.org amnesty.org

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