IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 8 de mayo de 2026

El antagonismo saudí-emiratí frente a la incertidumbre regional

El lunes 4 de mayo, Emiratos Árabes Unidos (EAU) se vio víctima de una nueva ola de ataques con drones que, en esta ocasión, apuntaron contra la refinería de petróleo de Fujaira, uno de los emiratos orientales de la nación. Abu Dabi rápidamente responsabilizó

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8 de mayo de 2026 3 min Medio Oriente 537 palabras
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El lunes 4 de mayo, Emiratos Árabes Unidos (EAU) se vio víctima de una nueva ola de ataques con drones que, en esta ocasión, apuntaron contra la refinería de petróleo de Fujaira, uno de los emiratos orientales de la nación. Abu Dabi rápidamente responsabilizó a Irán de la agresión, ya que, tan sólo unos días antes, habría advertido a Arabia Saudita y a Omán sobre una nueva ofensiva contra EAU. La misma parece encontrar su justificación en el alineamiento emiratí con Estados Unidos e Israel en el marco de la guerra contra Irán, iniciada en febrero del corriente año.

Ahora bien, Teherán no sólo busca arremeter contra los aliados del eje estadounidense-israelí –como ya se ha visto con el contraataque iraní a lo largo de la guerra y con el reciente golpe asestado–, sino también aprovechar y explotar las fracturas existentes entre los países de la península arábiga, en particular entre Arabia Saudita y EAU. Si bien la rivalidad árabe data ya de algunos años, se profundizó en 2025 a partir de los ataques saudíes contra los proxies emiratíes en Yemen y con el apoyo que Riad otorgó al gobierno sudanés contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), financiadas por Abu Dabi.

El caso de la guerra contra Irán no parece ser la excepción a este antagonismo. Más allá de que las relaciones entre Arabia Saudita e Irán no pudieron escapar de las tensiones exacerbadas por la guerra y de que Riad es uno de los principales aliados de EEUU en el golfo, el reino ha apoyado los intentos de mediación por parte de Pakistán con el objetivo de poner fin a la guerra –con la consecuente reapertura del estrecho de Ormuz–. Es una postura más “pragmática”, si se quiere, donde el factor doméstico es de gran peso: la necesidad de una región “estable” y atractiva a las inversiones –como plantea la Visión 2030–, sumado a la urgencia de reanudar las exportaciones de crudo y las importaciones de bienes de consumo.

Por su parte, EAU se manifestó en contra de las negociaciones entre Washington y Teherán en Islamabad y, como si fuera poco, ha abogado por la continuación de los ataques por parte de la Casa Blanca, ya que temen que el fin de la guerra abra la puerta a nuevas arremetidas contra Abu Dabi. Además, la política exterior de EAU se ve signada por su alianza con Israel, en lo que se conoce como “eje emiratí-israelí” –a partir de los Acuerdos de Abraham de 2020–, por lo que no es de extrañar la postura que el país ha tomado frente a la guerra y contra Irán. Por otro lado, la economía emiratí ha sufrido golpes importantes, en tanto su posición como hub económico, turístico y financiero en Medio Oriente se vio reducida a pedazos con la contienda.

Incluso si la guerra contribuyó a fracturar aún más las relaciones entre Arabia Saudita y EAU, resta por ver qué efectos tendrá el presunto ataque iraní contra Abu Dabi en ambas naciones, ya que no sólo MBS se solidarizó con los emiratíes a raíz del mismo, sino que la nueva ofensiva se produjo en el marco del cese a las hostilidades en la región.

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