Durante la última semana, Omán demostró que trasciende su "diplomacia silenciosa" y se posiciona como un agente de peso regional. Su ministro de Asuntos Exteriores, Sayyid Badr Al-Busaidi, se encargó de reivindicar el multilateralismo normativo en Naciones Unidas. Además, buscó actuar como engranaje disciplinado de un bloque económico de peso global como lo es el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).
Mascate en el Consejo de Cooperación del Golfo
Del 23 al 25 de septiembre, la política exterior omaní fue partícipe de las negociaciones conjuntas del CCG. El objetivo central fue asegurar sus intereses económicos explotando al máximo la negociación en bloque. Esto permitió evitar la negociación con líderes económicos como, por ejemplo, la India, de manera bilateral. En un contexto donde la crisis de Ormuz aún no es resuelta, los países del Golfo juegan un rol clave como proveedores de recursos estratégicos en materia energética y de fertilizantes a nivel mundial.
El 23 de septiembre se dio una coordinación estratégica entre el CCG y la ASEAN, diversificando las relaciones comerciales de las naciones de ambas regiones. En este contexto, se consolida la articulación logística entre el Mar Arábigo y el Estrecho de Malaca, consolidando a Omán como cabecera portuaria de cara al Océano Índico.
Luego, el 25 de septiembre se realizó la cumbre CCG-India, donde este último buscó garantías energéticas ante la alteración de las rutas marítimas. El beneficio directo para Omán en este caso fue la inserción de sus puertos. Además, se plantearon posibles proyectos de hidrógeno y energía verde en los compromisos de transición acordados con Nueva Delhi. Estos diálogos se enmarcan en la búsqueda de un Tratado de Libre Comercio entre ambas partes, cuyas negociaciones comenzaron en febrero de este mismo año.

Omán ante la Asamblea General de Naciones Unidas
Durante el debate general del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Al-Busaidi desplegó un discurso con una estrategia deliberada de abrir y sostener líneas de comunicación institucional con socios globales, sin subordinarse a alineamientos automáticos.
Por un lado, se encargó de sostener la importancia de Mascate en la mediación política regional, promoviendo la solución pacífica tanto de la crisis en Yemen como de la crisis del Estrecho de Ormuz. Al-Busaidi remarcó con tono de advertencia que la escalada de estos conflictos afecta la seguridad energética, la estabilidad de los precios y la confianza en el orden internacional.
Por otro lado, se diferenció de otras naciones de la región al exigir la restauración de la eficacia y legitimidad de la ONU frente a las violaciones del derecho internacional en Medio Oriente. Para Omán, un multilateralismo fuerte no es idealismo, sino una necesidad existencial. Esta es la única garantía de que potencias de tamaño medio no queden a merced de la ley del más fuerte en puntos neurálgicos como el Estrecho de Ormuz.
De este modo, Omán se posiciona como un defensor del Derecho Internacional y de las instituciones multilaterales como centros de diálogo y resolución de controversias. Sin embargo, observamos que, frente a un orden internacional fragmentado, la autoridad moral se debe compaginar con los intereses económicos.
La habilidad de la diplomacia de Mascate está en no limitarse a uno u otro: con sus intereses económicos cubiertos desde el CCG, lidera la diplomacia de mediación regional en la instancia de más alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas.[1][2]