El 16 de julio, el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Ned Price, declaró durante una conferencia de prensa que Estados Unidos está preocupado por la continua detención, acoso y acusación de activistas de la sociedad civil, académicos y periodistas en Egipto. Asimismo, añadió que ha comunicado esta preocupación y advertido al gobierno egipcio sobre la posibilidad de que este accionar afecte la venta de armas entre ambos países.
Desoyendo las declaraciones de Washington, el 20 de julio, la Fiscalía egipcia ordenó encarcelar a Abdel Nasser Salama, ex redactor jefe del periódico Al-Ahram, durante 15 días, a la espera de una investigación. Salama fue acusado de financiar al terrorismo y su detención se produjo luego de que pidiera al presidente Abdel Fattah Al-Sisi que dimitiera y fuera juzgado por lo que denominó "la dura derrota contra Etiopía y el desperdicio del derecho histórico de Egipto a las aguas del Nilo".
Luego, se conoció la noticia de que la administración Biden está tramitando acuerdos armamentísticos con al menos tres países que violan los derechos humanos, entre ellos Egipto, a pesar de haber prometido situar los derechos humanos en el centro de su política exterior.
El gobierno de Estados Unidos fue objeto de enormes críticas tras aprobar, a principios del 2021, la venta de misiles a Egipto por un valor de 197 millones de dólares. Así como también por seguir concediendo al país norafricano 1.300 millones de dólares de ayuda militar anual. En este sentido, varias organizaciones de derechos humanos firmaron pidieron al gobierno estadounidense que no utilizara su exención de seguridad para autorizar la ayuda militar a Egipto, como habían hecho los
4 anteriores presidentes Obama y Trump.
La venta de armas y los millones de dólares anuales en asistencia de seguridad a Egipto continúan a pesar de los años de deterioro de las condiciones de los derechos humanos bajo el régimen Abdel Fatah Al-Sisi. De esta manera, vemos como se socava la credibilidad del presidente Biden que había prometido durante su campaña no dar más "cheques en blanco" para el "dictador favorito de Trump”.