A lo largo de este año, Egipto ha enfrentado avances y obstáculos en distintos ámbitos. Por un lado, presenciamos el ingreso del país a los BRICS –a concretarse el 1° de enero del 2024–, así como avances en sus relaciones bilaterales con Turquía e Irán. Por el otro, la crisis en Sudán a inicios de año, conjugada con el conflicto palestino-israelí de los últimos meses, representó serios desafíos para El Cairo en materia de refugiados y, también, oportunidades para desempeñar su rol de mediador internacional en dichos conflictos. Además de estas oportunidades y tensiones regionales, la economía egipcia, las próximas elecciones programadas para diciembre y la persistente preocupación por los derechos humanos ocuparon un lugar destacado en la agenda nacional del país.
Respecto a la economía doméstica, analistas de Bloomberg han reconocido al país como la segunda economía del mundo más vulnerable a una crisis de la deuda –sólo después de Ucrania–. Con niveles de inflación récord, tres devaluaciones de la libra egipcia (perdiendo un 50% de su valor frente al dólar), el gobierno teme por un posible estallido social. Ahora, el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el cual habían cerrado un préstamo de 3 billones de dólares, y siendo Egipto su segundo mayor deudor, analiza ampliar su ayuda dadas las consecuencias económicas que tiene el conflicto palestino-israelí en los países vecinos.
En cuanto a los derechos humanos, es relevante destacar que El Cairo ha emitido indultos para liberar a presos políticos que fueron detenidos de manera arbitraria bajo su ley "antiterrorista". Esta medida se implementó después de que la reputación en materia de derechos humanos del país estuviera bajo escrutinio internacional, especialmente tras ser anfitrión de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en noviembre del año pasado. En la última década, más de 170 periodistas han sido encarcelados y decenas más han sido detenidas e interrogadas de manera arbitraria; un modus operandi que es calificado por Human Rights Watch como una “burla” al debido proceso. Además, se han bloqueado más de 500 sitios web de noticias y lamentablemente, seis periodistas han sido asesinados, según Reporteros Sin Fronteras. A raíz de ello se buscó mejorar la imagen del país, en el marco del gran “diálogo nacional” pregonado por el régimen de al-Sisi.
Además, en este mes de diciembre se anticipa la celebración de elecciones presidenciales en Egipto. El actual presidente, Al-Sisi, buscará su segunda reelección, contando con altas probabilidades de extender su mandato por seis años adicionales al frente del gobierno. En elecciones anteriores, y en condiciones antidemocráticas, obtuvo el 97% de los votos. El candidato opositor más serio, Tantawi, ha sido objeto de ataques, persecuciones e incluso hackeos en su teléfono. Actualmente Tantawi y su equipo de campaña se enfrentan a un juicio penal, dado que no alcanzaron los respaldos públicos necesarios para ser candidatos oficiales, y han sido acusados de conspirar e incitar a otros a repartir material electoral no autorizado. En el mes de octubre, Tantawy denunció los obstáculos
institucionales que impedían obtener los respaldos necesarios para oficializar su candidatura, a la par de denunciar la detención arbitraria de 137 miembros de su equipo de campaña.
A nivel internacional, es posible resaltar diversos ámbitos en los cuales Egipto ha desempeñado un papel significativo. En primer lugar, en agosto del corriente año se llevó a cabo en la ciudad de Johannesburgo en Sudáfrica, la XV Cumbre de la Alianza de Economías Emergentes conocida como “BRICS”. Durante esta reunión participaron no solo los líderes de los países miembros del grupo y diversas organizaciones, sino también representantes destacados de África y el Sur Global, entre los cuales resaltan Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Salah Halima, actual vicepresidente del Consejo Egipcio para Asuntos Africanos, ha subrayado que la razón detrás de la adhesión de Egipto es la búsqueda de autonomía en cuestiones financieras y crediticias, así como la perspectiva de una nueva divisa respaldada por el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS. Para Egipto esto representa una oportunidad significativa en su búsqueda de un desarrollo económico y tecnológico sostenible a largo plazo. En la actualidad, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, ha anunciado que la expansión del bloque se llevará a cabo el 1 de enero de 2024, con nuevos integrantes como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto, Turquía e Irán.
En segundo lugar, nos encontramos con dos hechos fundamentales para la región: la crisis en Sudán y el conflicto israelí-palestino. Ambos son conflictos que preocuparon al régimen egipcio, por sus cercanías geográficas y ante la posible llegada de grandes masas de refugiados: como hemos descrito, ya tienen demasiado en su plato. Respecto de las particularidades, el conflicto en Sudán hacía peligrar su posición en la disputa por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), donde ambos países actúan concertadamente para presionar a Etiopía en la firma de un futuro acuerdo. A pesar de las implicancias que tenía para el país, las fracturas internas del mismo régimen –y sus correspondientes alianzas con las fracciones sudanesas enfrentadas– obligaron al país a abstenerse de tomar posición alguna. Sin embargo, ha intentado llevar adelante acciones mediadoras para resolver el conflicto, tales como la Cumbre celebrada en El Cairo en julio de este año, que no ha tenido grandes repercusiones en el devenir del conflicto.
Párrafo aparte merece el conflicto palestino-israelí. El Cairo buscó mantenerse neutral para contener la situación, lo que no implica que su protagonismo se haya visto reducido. Egipto es el único país que, aparte de Israel, tiene frontera con Gaza a través del paso de Rafah, convirtiéndolo en el único corredor humanitario posible. En los primeros momentos del conflicto, el paso se abrió y cerró numerosas veces dados los constantes bombardeos israelíes que recibió. Atendiendo a su rol de mediador, y como país anfitrión de la sede de la Liga Árabe, se convocó una reunión de emergencia en la que los ministros árabes instaron a Israel a retomar las negociaciones que busquen la existencia de los dos Estados, así como también rechazaron el bloqueo total israelí sobre Gaza. En las últimas semanas, se alcanzó un acuerdo humanitario entre EE.UU., Israel y Egipto que permitió el ingreso de camiones de ayuda humanitaria a Gaza bajo la supervisión de Naciones Unidas. A pesar de ello y de los múltiples intentos para alcanzar el cese al fuego, Al-Sisi ha dejado
en claro que Egipto no planea recibir refugiados en su país. Ello se explica por dos grandes razones: (i) las dificultades que tiene el régimen para contener la amenaza de grupos islámicos referenciados en ISIS en el Sinaí, que, junto con la posible infiltración de miembros de Hamas en la región, convertirían la zona en un objeto de futuros ataques israelíes; y (ii), como ha expresado el mismo
Al-Sisi, permitir el desplazamiento de los palestinos fuera de Gaza implicaría, necesariamente, liquidar la causa palestina y abandonar la solución de los dos Estados. En línea con esto último, el primer ministro egipcio ha advertido la posibilidad de recurrir al derecho internacional en caso de que Israel continúe empujando la población palestina al Sinaí, considerándolo una amenaza a la seguridad nacional del país. En los últimos días, Al-Sisi manifestó que el futuro Estado palestino podría ser desmilitarizado y contar con la presencia temporal de seguridad internacional que ofrezca garantías tanto a Palestina como Israel. La propuesta contemplaría las fronteras del 4 de junio de 1967, que tendría a Jerusalén Oriental como capital palestina.
A modo de conclusión, a pesar de las tensiones internas y desafíos económicos, Egipto ha mantenido una presencia fuerte en una región altamente conflictiva. Su reciente adhesión a los BRICS y su papel mediador en el conflicto palestino-israelí destacan su enfoque audaz en asuntos globales. Estas acciones subrayan la voluntad de Egipto de diversificar alianzas y contribuir a la estabilidad regional. Restará por verse en qué medida sus problemas domésticos afectarán las aspiraciones egipcias de mayor protagonismo internacional.