El pasado 15 de noviembre, la Marina de los Estados Unidos (EE.UU.) incautó 70 toneladas de un componente de combustible para misiles, escondido entre bolsas de fertilizante a bordo de un barco que se dirigía desde Irán con destino a Yemen. Este hecho cobra mayor relevancia al tener en consideración dos factores: por un lado, al tratarse de la primera incautación de este tipo en el marco de la guerra yemení; y por otro lado, la expiración del alto al fuego en Yemen en el mes de octubre. En consecuencia, dicho incidente ha captado nuevamente la atención internacional ante el temor de que la guerra vuelva a intensificarse.
La Marina de los EE.UU. afirmó que la cantidad de perclorato de amonio descubierta podría ser utilizada como combustible para más de una docena de misiles balísticos de medio alcance. Cabe aclarar, que este tipo de armamento se corresponde con el que los rebeldes hutíes han estado empleando para atacar a las fuerzas aliadas del gobierno yemení reconocido por la comunidad internacional. Asimismo, Timothy Hawkins, portavoz de la Quinta Flota de la Armada norteamericana, declaró que el transporte ilegal de armas de Irán a Yemen “conduce a la inestabilidad y la violencia”.
Al mismo tiempo, el suceso en consideración se enmarca en un momento de suma tensión con Irán por la violenta y desmesurada manera de lidiar con las numerosas protestas en el interior del país. En este sentido, Teherán ha culpado a las potencias extranjeras de fomentar las
movilizaciones que, al día de hoy, llevaron 15.820 detenidos, mientras que la cifra de fallecidos supera las 340 personas.
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