El pasado miércoles, el Ministerio de Salud de Siria anunció que hace 20 días que no se reportan infecciones locales de COVID-19; ya que los recientes contagios fueron reportados entre sirios repatriados del extranjero. Asimismo, dio a conocer que 1.156 repatriados de los 2.270 que habían llegado el país, ya abandonaron los centros de cuarentena obligatoria.
No obstante, no todas son buenas noticias. El Ministro de Salud agregó que los médicos en los centros de cuarentena realizaron alrededor de 1.500 hisopados nasales a los recién llegados, pero los resultados saldrán sucesivamente de acuerdo a la disponibilidad de kits de pruebas destacando el hecho de que Siria sufre escasez de dichos kits debido a las coercitivas sanciones económicas impuestas sobre el país árabe.
El representante de Siria ante las Naciones Unidas, Bashar Al-Jaafari, declaró que las perspectivas de llegada de suministros médicos y humanitarios para Siria están muy por debajo del nivel necesario debido a la imposición de una amplia gama de restricciones y condiciones previas para estos suministros. Al tiempo que clasificó a las sanciones internacionales de como “terrorismo 3 económico, comercial, financiero y sanitario” por parte de Occidente para con el territorio sirio.
A pesar de que el delegado sirio junto al representante Permanente de Rusia ante las Naciones Unidas realizaron un llamamiento al Secretario General de las Naciones Unidas y a los jefes del Consejo de Seguridad para exigir el levantamiento de las medidas coercitivas, no tuvieron los resultados esperados e incluso la administración estadounidense anunció la extensión de las sanciones al régimen sirio. Así, si bien, el país árabe tuvo un alivio frente a la pandemia, la ayuda humanitaria está lejos de llegar en los términos requeridos.