Hace años que la falta de posibilidades para acceder a recursos básicos de subsistencia son una constante en Irak, esto mismo junto con los elevados índices de corrupción característicos del país, dan como resultado que el nivel de vida para la mayoría de los iraquíes sea deplorable.
Lo más preocupante en la actualidad es la sequía que abunda en el país, que no solo afecta a Irak, sino también a Siria. Ambos países deben hacerle frente a una nueva crisis que se suma a todas las que arrastran hace años, lo cual tampoco será sencillo ya que la falta de instituciones fuertes que puedan encargarse de este tipo de problemas son prácticamente inexistentes.
La sequía, agravada por las altísimas temperaturas que se están experimentando durante el verano de este año, derivó en graves problemas para la producción de electricidad. Todo esto lleva a que los hospitales y las escuelas se encuentren sumamente limitados para poder cumplir con sus funciones.
Según miembros de diversas ONG’s que realizan sus actividades en Irak, afirman que la situación afecta por lo menos a 7 millones de iraquíes junto con tierras agrícolas, industrias pesqueras, la producción de electricidad y fuentes de agua para consumo doméstico. Este estado de cosas acrecienta el malestar latente en la sociedad iraquí, derivando en masivas manifestaciones contra los gobernantes y enfrentamientos tribales entre etnias y milicias, ya que muchas veces estas últimas son las que toman el poder para administrar los recursos básicos en sus ciudades. 8 Cabe destacar que paralelamente a esta crisis, se dio a conocer un informe de Naciones Unidas, dónde entre otras cuestiones, se afirma que uno de los principales responsables del desastre ambiental en el mundo es el Ejército de Estados Unidos, el cual se encuentra en territorio iraquí hace veinte años y por más que su retirada ya tenga fecha de finalización, no es el caso de la crisis ambiental, la cuál sin gobernantes comprometidos e instituciones capaces, solo irá en aumento.