Coincidiendo con el año de la reciente celebración del 30 aniversario del establecimiento de relaciones sino-saudíes, la “diplomacia de las mascarillas” impulsada por el gigante asiático se muestra como un nuevo rasgo de la multifacética colaboración entre ambos países.
La decisión de establecer relaciones diplomáticas en 1990 fue políticamente significativa para ambas partes. Para China, significó alcanzar la meta de formalizar los vínculos con todos los países árabes y, por lo tanto, su capacidad para trabajar diplomáticamente con el mundo árabe en su conjunto. Para Arabia Saudita, la medida significó que había establecido relaciones diplomáticas con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Los compromisos asumidos por los dos países para la cooperación en la implementación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) y la asociación estratégica integral han agregado un nuevo impulso al desarrollo de las relaciones bilaterales. Esta cooperación también ha logrado un progreso sustancial en los últimos años, ya que las dos partes se comprometieron a alinear el BRI y la Visión Saudita 2030.
La confianza entre ambos países ha aumentado desde que comenzó el brote de COVID-19. En línea con esto Arabia Saudita, anunció en estos últimos días que comenzará los ensayos clínicos de fase
III en alrededor de 5,000 personas para una vacuna COVID-19 desarrollada por CanSino Biologics Inc. de China. Según un acuerdo firmado entre los dos países en abril, China suministrará el equipo, los materiales y la experiencia necesarios para realizar 9 millones de pruebas Covid-19, lo que implica unos 265 millones de dólares.
Sin embargo, un aspecto que no debe ser descuidado por el reino saudí, son sus relaciones con EEUU. Washington mira con recelo el avance del gigante asiático en sus relaciones con el Golfo, particularmente luego del análisis que circuló respecto a la colaboración sino-saudí en la búsqueda de uranio bruto que contribuiría a la intención de Riad de obtener el arma atómica.