El pasado martes 24 de noviembre se registraron nuevos bombardeos israelíes desde el Golán hacia Siria. Dichas agresiones se produjeron cerca del pueblo de Rwihinah, en la provincia de Quneitra, y en el área de Jabal al Manea, en la provincia de Damasco; lugares con fuerte presencia militar iraní. Según la agencia oficial de noticias siria SANA, los bombardeos solo ocasionaron algunos daños materiales menores. No obstante, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos informó que el ataque israelí dejó como resultado ocho muertos no sirios y destruyó un depósito de armas de Hezbollah e Irán. El Tel Aviv, por su parte, no ha realizado ningún comentario respecto a estos ataques.
Israel ha realizado incontables bombardeos y lanzamientos de misiles desde el inicio de la guerra civil siria en 2011 tanto contra fuerzas iraníes y libanesas de Hezbollah, como así también contra tropas del ejército sirio; siendo los últimos ataques registrados, los del miércoles 18 y sábado 21 del corriente mes, ambos con víctimas fatales. Cabe mencionar que la mayoría de los bombardeos aéreos contra el país árabe se realizan desde un lugar estratégico para Israel: la meseta del Golán, zona ocupada por Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967.
Lo cierto es que en las últimas semanas los ataques de Tel Aviv hacia Damasco han aumentado, y se presentan como otra dificultad a la que tiene frente el gobierno de Bashar Al Assad sumado a la crisis sanitaria y humanitaria ya existente. El último informe oficial registró más de 7.400 casos de COVID-19 con un progresivo aumento en la zona de Idlib, el último bastión rebelde y el lugar con la estructura sanitaria más vulnerable. Los problemas en Siria parecen no tener fin y la próxima salida de su crisis se ve cada vez más alejada.