La crisis que ha tenido lugar en los últimos días entre Armenia y Azerbaiyán tuvo un gran impacto en diferentes países de Medio Oriente y Siria no fue la excepción. Tras el apoyo brindado por Turquía a Azerbaiyán, fuentes extra oficiales confirmaron que combatientes de la oposición del noroeste del país, financiados y apoyados por Ankara, se han alistado para luchar a favor de las fuerzas azeríes.
La información se dio a conocer a los pocos días de iniciado el conflicto y la respuesta no tardó en llegar. Por un lado, el presidente Bashar al-Assad acusó a Erdoğan de ser el instigador y el provocador de las tensiones en la región de Nagorno-Karabaj, y a su vez aseguró que Turquía continúa llevando adelante guerras en diferentes puntos y prolongando la inestabilidad en dichas zonas. Por otro lado, Rusia, el aliado clave de Siria, condenó las operaciones turcas y junto a Francia, no solo llamaron a un cese al fuego en la región sino que también pidieron explicaciones a Turquía por la llegada de sirios al conflicto.
Si bien Turquía no se ha pronunciado al respecto, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos confirmó que 1200 combatientes fueron trasladados al terreno e incluso 64 ya han muerto en el enfrentamiento y muchos están esperando al momento de ir. Se dice que una de las razones principales por las cuales combatientes sirios decidieron embarcarse en este nuevo 2 enfrentamiento es la cuestión económica, ya que recibirían un pago de hasta 80 veces más del que reciben actualmente. A la vez, para los rebeldes sirios otorgar ayuda a Turquía en sus distintos frentes es clave para seguir contando con su apoyo en la lucha contra el régimen en el noroeste.
En este contexto, se puede entender que actualmente los rebeldes sirios se encuentran combatiendo en un doble frente, lo cual no solo precipitó el aumento de la tensión en la región, sino que también ha deteriorado aún más la relación entre el régimen sirio y Turquía.