El pasado jueves 22 de septiembre, 99 migrantes de origen sirio y libanes perdieron su vida debido al naufragio de una embarcación en el Mediterráneo en las costas de la ciudad de Tartus, Siria. Los sobrevivientes del desastre fueron rescatados y enviados al hospital sirio, Al Basel, para recibir la atención médica necesaria.
Según informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y diversas autoridades del país árabe, el pequeño bote zarpó de Líbano el martes con migrantes ilegales de varias nacionalidades a bordo para intentar llegar a las costas de Chipre. En el barco viajaban más de 150 personas cuando la capacidad máxima era de apenas 30; todos intentando buscar una mejor calidad de vida.
Las tareas de rescate continuaron por varios días, intentando recuperar e identificar los cuerpos de los migrantes. Posteriormente, en un comunicado del ministro de Obras Públicas y Transporte de Líbano, Ali Hamieh, se informó que la Cruz Roja libanesa estaba coordinando con la Media Luna Roja siria para el traslado de algunos cuerpos de las víctimas a su país.
Hechos como estos no hacen más que poner en evidencia nuevamente la gran crisis de migrantes y refugiados que se vive a nivel mundial. En este caso puntual se conoce que debido a la grave crisis económica del Líbano, cada vez más refugiados sirios y palestinos, así como los propios libaneses, intentan cruzar el Mediterráneo en embarcaciones improvisadas para llegar a países 4 europeos, incluida la isla de Chipre, que se encuentra a 175 kilómetros de la costa libanesa. No obstante, cabe destacar, que no son los únicos que intentan escapar de sus condiciones actuales para buscar nuevos rumbos.