Ante una dilatación de las negociaciones con las potencias occidentales en torno a un nuevo acuerdo nuclear, el presidente de Irán Masoud Pezeshkian dio un giro en su política exterior. La necesidad de oxigenar la economía persa y la falta de resultados en el diálogo con Estados Unidos y Europa, llevaron a que la República Islámica vire hacia sus viejos aliados, reforzando la cooperación y los vínculos con China, Rusia y países vecinos.
La primera demostración de boomerang de la política exterior iraní hacia Oriente y el Sur Global, fue la visita de Estado a China, calificada por Teherán como un catalizador de "grandes oportunidades económicas". Al mismo tiempo, el gobierno islámico está acelerando su integración con las naciones vecinas, en especial con los miembros de la Organización de Cooperación Económica (ECO).
El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, hizo un llamado a los países miembros para revitalizar los acuerdos de cooperación, señalando que el "nivel actual de cooperación no se corresponde en absoluto con las enormes capacidades de la región de la ECO". La declaración subraya una postura pragmática que busca maximizar el potencial de la organización como un modelo de "colaboración económica multilateral" y un actor clave en la "nueva arquitectura económica de la región".
Este giro no implica que se abandone por completo el diálogo con occidente ni mucho menos, pero sí es una decisión que refleja un claro estancamiento en las negociaciones. Queda por ver cómo reaccionarán Estados Unidos y Europa ante este movimiento: si optarán por una postura más rígida de total paralización en el proceso de un nuevo Acuerdo Nuclear; o si este pivoteo iraní incentivará a la reactivación del diálogo. ¿De qué va a depender? del grado de amenaza que perciban las potencias occidentales respecto al desarrollo nuclear persa.