El lunes 5 de julio las fuerzas estadounidenses derribaron un drone que sobrevolaba su embajada en Bagdad; horas más tarde, aconteció un nuevo ataque, esta vez con cohetes a sobre una base militar norteamericana en el norte de Irak. En lo que va del año 2021, se realizaron 47 ataques contra Estados Unidos, que continúa en suelo iraquí con 2.500 hombres nucleados bajo la Coalición Internacional de lucha contra el terrorismo yihadista, particularmente contra el Estado Islámico.
La semana anterior, más específicamente el 28 de junio, las fuerzas estadounidenses se encargaron de bombardear a milicias pro-iraníes tanto en Irak como en Siria. Es interesante remarcar este hecho ya que los nuevos ataques se dan una semana más tarde a los bombardeos norteamericanos. En ese sentido, podemos pensar que las mismas milicias que celebran los ataques con cohetes y drones a los puntos de anclaje estadounidense en Irak son las responsables de los mismos. Sin embargo, en los acontecimientos de la primera semana de julio no se ha reivindicado la responsabilidad de los mismos en manos de las milicias, como tampoco sucedió en ocasiones anteriores.
En esta ocasión, el Sistema de Defensa Aérea de los Estados Unidos llamado C-RAM, se activó tras el sonido de las sirenas, disparando varios misiles que lograron interceptar el presunto objeto extraño que más tarde fue identificado como un drone. Mientras que por el lado de los misiles, un agente de la Armada iraquí declaró que “los cohetes se habrían lanzado desde dos plataformas, la 8 primera desde el sur de la ciudad de Hit y la segunda desde el barrio de Al-Bakr al norte de la misma ciudad, hacia la base de Ain Al-Asad”.
Ni el gobierno de Irak ni ningún otro partido asumió la responsabilidad de los hechos. Por fortuna, no hubo víctimas fatales ni daños materiales de gran magnitud.
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