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REPORTE
FRAME 01/14 · 11 de diciembre de 2019

Bianca Lombardi A 40 años de la Revolución, continúan las crisis y los desafíos para Irán

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
11 de diciembre de 2019 7 min Medio Oriente 1.372 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

El año 2019 trajo consigo nuevos desafíos para el gobierno de la República Islámica de Irán. La decisión de Trump de aplicar una política de “máxima presión” a Irán para frenar su creciente influencia en la región, la cual se vio reflejada en el abandono del Plan Integral de Acción Conjunta y la reimposición de sanciones a fines del 2018, obligó al gobierno iraní plantear una estrategia para resultar lo menos afectado posible. En ese contexto, Rohaní intentó mostrarse fuerte hacia el exterior, desplegando su capacidad militar, y, a nivel interno, evitar un desborde mediante el otorgamiento subsidios a las clases menos pudientes.

A pesar de la decisión de Estados Unidos (EE.UU.) de abandonar el Acuerdo, Irán optó en un primer momento por mantener todos los compromisos allí asumidos, en un intento de mostrarse como un socio responsable. No obstante, Teherán ya redujo cuatro compromisos, bajo el pretexto de que Europa no habría tomado las medidas necesarias para paliar los efectos de la retirada de EE.UU.

En el transcurso del año diversos hechos condujeron a una escalada de tensiones a nivel regional. En primer lugar, se destaca el alza de las tensiones militares entre el país del Golfo y el gigante bioceánico, que se observó tanto en el derribo del drone de EE.UU. y los posteriores ataques cibernéticos contra Irán, así como en el envío de navíos y 2 bombardeos por parte Washington y el intento de formar una coalición naval en el Golfo para contener a Irán. En segundo lugar, Israel continuó los bombardeos sobre posiciones iraníes en Siria y los extendió a elementos de Hashd al-Shaabi en Irak. En tercer lugar, la rivalidad entre el país persa y el reino saudí, caracterizada por una guerra subsidiaria, continuó en el 2019. Estas rispideces se vieron exacerbadas con el ataque a las instalaciones de Aramco, en Arabia Saudita, cuya responsabilidad fue atribuida a los hutíes con apoyo iraní.

En el plano interno, los bajos ingresos fiscales producto de las sanciones obligaron al gobierno a reducir los subsidios sociales en medio de una profunda crisis económica, lo que disparó las numerosas protestas ocurridas en las últimas semanas como consecuencia del aumento a los combustibles.

A 40 años de la Revolución Islámica, Irán continúa siendo un Estado con gran capacidad de influencia en la región, si bien enfrenta numerosos desafíos tanto en el plano interno como externo. Para el año 2020, las expectativas se concentran en las elecciones parlamentarias que tendrán lugar en el mes de febrero y la evolución de las relaciones con Europa teniendo como eje central el Acuerdo Nuclear.

MARTÍN BETTATI, LIC. VERÓNICA DEUTSCH y BIANCA LOMBARDI

Turquía emprende una tercera operación militar en Siria

El 7 de octubre pasado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció vía Twitter la retirada de las tropas norteamericanas estacionadas en el norte de Siria. Ante tal movimiento, su homónimo turco, Recep Tayyip Erdogan, declaró dos días después el lanzamiento de una tercera operación militar en territorio sirio, la denominada Operación Fuente de Paz. La activación de la ofensiva militar se produjo luego de meses de presiones por parte de Turquía, tiempo en el cual llevó a los Estados Unidos a ceder en su posición en Siria. Cabe recordar que hacia septiembre, ambos países habían llegado a un acuerdo en torno a la creación de una “zona segura” a lo largo de la frontera turco- siria, de 480 kilómetros de oeste a este y con una profundidad de 30 kilómetros, con el fin de liberar la frontera de kurdos y trasladar allí cerca de dos millones de refugiados sirios que se encuentran alojados en suelo turco.

En esta tónica, luego del vacío que dejó la decisión de Donald Trump, Rusia encontró la oportunidad perfecta para imponerse como mediador en esta crítica situación. Mediante un acuerdo con el gobierno de Ankara logró contener el accionar unilateral turco frente a las milicias kurdas de la Unidad de Protección Popular (YPG), dándole una salida política y pacífica. A su vez, permitió a Turquía cumplir relativamente sus objetivos: la neutralización de la YPG y el alejamiento de éstas de la frontera turco-siria, si bien no

logró asentarse en toda la extensión de tierra proyectada desde un comienzo.

Pese a que Turquía y Rusia difieren en su posición con respecto al gobierno sirio, esto no ha sido un obstáculo para el estrechamiento de su vínculo, que durante todo el año estuvo marcado por un profundo acercamiento y cooperación, sobre todo en el ámbito militar mediante la puesta en marcha del sistema defensivo antiaéreo S-400. La consolidación de este vínculo bilateral fue proporcional al aumento de la desconfianza entre Ankara y Washington. Los asuntos en Siria, al igual que los estratégico-militares, han sido foco de tensiones recurrentes entre ambos actores no sólo en el último año, sino que se arrastran

principalmente desde el año 2016.

Con la operación militar en Siria, Turquía presuponía tres propósitos: consolidar su presencia en la frontera, expulsar a las milicias kurdas de dicho territorio y generar un cambio demográfico en la zona segura que permitiese socavar la mayoría de origen kurdo. Ninguno de los puntos fue completamente cumplido y los triunfos conseguidos fueron relativos. Adicionalmente, la comunidad internacional fue explícita en su rechazo al accionar turco, lo cual ha acarreado efectos adversos para Ankara, esto es, desde el rearme y resurgimiento de los terroristas, una mayor desestabilización del territorio sirio hasta una posible fricción en los vínculos de Turquía con Occidente.

FEDERICO BENZAQUEN, ABRIL MANALI MUÑOZ y LIC. LUCA PACE

¿Ocaso o prolongación de la guerra?

En el último año, una impresionante serie de eventos alteraron el tablero en Siria. El equilibrio de poder y los cálculos estratégicos de las distintas partes se vieron modificados

acentuando la inestabilidad y previsibilidad siria.

Uno de los acontecimientos más importantes para el país árabe fue el anuncio de Donald Trump, en octubre, sobre el retiro definitivo de las tropas norteamericanas del territorio sirio. Apenas cuatro días después, Turquía lanzó la Operación Fuente de Paz y comenzó a bombardear la frontera noreste de Siria, zona controlada por las fuerzas kurdas del YPG, a fin de evitar la creación de un corredor por parte de estas facciones, consideradas como terroristas por Ankara. Luego varios días de bombardeos incesantes y miles de vidas perdidas, se llegó a un acuerdo, por intermedio de Rusia, entre el gobierno sirio y el turco para un cese al fuego, situación que debe de mantenerse hasta la actualidad a fin de evitar que grupos yihadistas, como el Estado Islámico, resurjan debido a la

inestabilidad en determinadas zonas de conflicto.

Otro foco de tensión consistió en la batalla por la recuperación de Idlib, último bastión rebelde. Desde abril, el restablecimiento del control gubernamental sobre la provincia se convirtió en el objetivo principal del gobierno sirio. El acuerdo de Sochi de 2018, cuyo objetivo era crear una zona desmilitarizada de 20 kilómetros, no logró frenar los objetivos 4 de al-Assad. A su vez, el alto al fuego decretado en agosto de este año fue rápidamente disuelto tras sus continuas violaciones por parte de las fuerzas pro gubernamentales y los

grupos rebeldes y yihadistas.

En cuanto al plano político-diplomático, en septiembre de este año, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, anunció la creación de un comité constitucional que contaría con la participación de miembros del gobierno presidido por Bashar Al-Assad y representantes de la oposición. No obstante, a pesar de haber sido anunciado con gran expectativa, en la última ronda de negociaciones se reflejó una vez más la falta de acuerdo y las posiciones casi irreconciliables entre las delegaciones en torno a los lineamientos y los ejes principales, no sólo para el establecimiento de una nueva constitución nacional, sino para el logro del objetivo subyacente que es lograr la salida

política del conflicto y llevar la paz a la población siria.

Así, el 2019 se caracterizó por una oscilación entre escaladas de violencia e intentos para lograr una paz duradera, sin lograr una tendencia firme. Por ello, la prioridad de los actores involucrados en el conflicto debería ser comprometerse con el fin de evitar un

mayor número de víctimas humanas y un recrudecimiento de las tensiones existentes.

DIAMELA CORTINA, ESPERANZA LAURÍA y PALOMA RODRÍGUEZ GUARAGLIA

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