Una serie de atentados terroristas en Israel han reavivado los temores a una nueva espiral de violencia. En una zona que convive con un conflicto sin resolver y acostumbrada a los estallidos cíclicos, cuatro atentados con 14 muertos en dos semanas son motivo de alerta. Israel no sufría atentados terroristas de tales magnitudes desde el final de la Segunda Intifada en 2005.
Cabe destacar, que los cuatro episodios no parecen seguir un mismo lineamiento. Los dos primeros fueron perpetrados por seguidores del autodenominado Estado Islámico y fueron revindicados por el grupo yihadista. El tercer ataque fue efectuado por un ciudadano palestino y, en un movimiento poco común, fue repudiado por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas. Mientras que el último fue llevado a cabo por un palestino llegado desde Cisjordania.
Frente a este panorama, el primer ministro israelí Naftali Bennet endureció su narrativa frente a lo que catalogó como “ola de terrorismo árabe asesino” y multiplicó las redadas y detenciones, principalmente en Cisjordania y en comunidades árabes. Además, ordenó el refuerzo de tropas en Cisjordania y en la frontera entre Israel y Gaza e instó a los ciudadanos israelíes a portar armas, en caso de contar con licencia.
A esta situación conflictiva, se le suman los disturbios ocurridos en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén que coincidieron con el segundo viernes del mes de Ramadán e implicaron
5 enfrentamientos entre palestinos y la policía israelí, culminando con 150 palestinos heridos y más de 400 detenidos. Por último, la tensión aumentó aún más luego de que las Fuerzas de Defensa de Israel atacaron objetivos en la Franja de Gaza en respuesta a un cohete lanzado desde Gaza, que fue interceptado por la cúpula de hierro.