Según el primer informe anual de DeserTech, publicado a mediados de 2022, más de 300 empresas emergentes israelíes están desarrollando tecnologías diseñadas específicamente para entornos desérticos. Alrededor del 17% de las nuevas empresas de DeserTech pertenecen al desierto de Negev, donde se ubica la gran torre solar de Ashalim, una de las más altas del mundo.
Utilizando la energía del sol, esta austera torre gris de más de 240 metros de altura genera suficiente electricidad para abastecer miles de hogares. No obstante, en la actualidad la planta muestra tanto las promesas como los pasos en falso de la industria solar israelí. Para sus partidarios, la torre es una impresionante hazaña de ingeniería, testimonio de la innovación solar israelí. Para los críticos, es una costosa locura, dependiente de una tecnología que se ha quedado anticuada en el momento de su puesta en marcha.
El descontento en torno a la misma persiste, incluso entre aquellos que apoyan firmemente la energía verde, en virtud de las críticas vinculadas a que su electricidad ha resultado ser mucho más costosa que la creada por otras formas de tecnología de energía solar. Tras el acuerdo sellado en 2013 entre el gobierno y el consorcio que construyó la planta, las empresas acordaron pagar los costos de construcción de unos 800 millones de dólares. A cambio, el gobierno prometió comprar la electricidad de la torre a una tarifa de unos 23 centavos por kilovatio-hora. Si bien esta tarifa se consideraba justa en el momento de la licitación, durante la construcción, se introdujeron mejoras 6 inesperadas que han permitido que los paneles solares creen energía por una quinta parte del costo de una torre solar térmica, según datos publicados por el gobierno israelí.
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