Luego de años de aislamiento, Argelia se abre paso a los asuntos internacionales. Tras el largo mandato de Bouteflika, en el que su desempeño fue obstaculizado por su débil salud; las numerosas manifestaciones de la población acaecidas en 2019 por un cambio de gobierno; los dos años de pandemia provocados por la COVID-19 y la crisis financiera, el país se encuentra
desenvolviendo un papel cada vez más notorio en el ámbito internacional.
Sin dudas, el 2022 se presenta como un año clave en su desempeño económico, en razón de la guerra ruso-ucraniana desatada en febrero del mismo año. La guerra trajo aparejada dificultades en relación a la dependencia de los países de la región de los cereales y combustibles tanto de Ucrania como de Rusia. Fue en ese entonces en el que Argelia apareció como una de las alternativas fundamentales por su producción de gas, siendo este recurso muy codiciado por países europeos y por la región de oriente próximo. En cuanto al ámbito político, en octubre convocó a las facciones palestinas, en la tentativa de poner fin a las discordias; recibió a los líderes de Francia e Italia; y presentó una solicitud de adhesión a los BRICS, ya que declaró que cumple en gran parte con las condiciones para unirse, y se encuentra interesada en abrirse económicamente
a otros países.
Otro acontecimiento que marca el regreso a la diplomacia de primera línea es la celebración de la cumbre de la Liga Árabe en Argel a principios de noviembre. No obstante, este encuentro demostró las fracturas internas de la región con respecto a la causa palestina, la disputa entre Argelia y Marruecos con cuanto a la situación del Sáhara Occidental, los roles regionales de Irán y
Turquía, y las polémicas alrededor de la presidencia de Bashar al-Assad en Siria.