Algunas decisiones políticas llevadas a cabo por el presidente iraní Ebrahim Raisí, nos llevarían a pensar que un estancamiento en las negociaciones del acuerdo nuclear no parece imposible. El nombramiento de Amir Abdollahian como nuevo ministro de Exteriores iraní -cercano a la Guardia Revolucionaria y especializado en relaciones con países árabes-; y la designación de Mohammad Eslami como el nuevo jefe de la Organización de la Energía Atómica -con una gran experiencia en el Ministerio de Defensa- son señales que indican la prioridad que el jefe de estado quiere darles a las relaciones con los países del Medio Oriente, y a la continuidad de sus planes nucleares.
Amir Abdollahian, por ejemplo, en una entrevista en la televisión estatal, decidió enfocarse en sus planes para desarrollar las relaciones con los países vecinos, y dedicó solo apenas 10 minutos a las negociaciones nucleares. Sin embargo, el ministro aclaró: “No rehuimos a la mesa de negociaciones”, y agregó “los diálogos deben tener logros palpables en función de los beneficios de Irán”. La realidad es que, hasta el 5 de septiembre, las negociaciones nucleares en Viena se encontraban frenadas, y Amir Abdollahian no especificó fechas exactas sobre las reanudaciones de las mismas.
Cabe aclarar que una retirada de Teherán de las conversaciones resulta poco probable, ya que correría el riesgo de sufrir nuevas sanciones internacionales como las impuestas por Naciones Unidas, un escenario nada deseable para el gobierno persa.
A esto se suma que, la cuestionada retirada de Estados Unidos de Afganistán podría provocar una
4 postura menos flexible por parte de la Administración Biden en las negociaciones con Irán. Esto dificultaría aún más la posibilidad de llegar a un acuerdo que satisfaga los interese vitales de las dos partes, fundamentalmente si se tiene en cuenta que el ayatolá Ali Jamenei insiste en que el pacto debe incluir el levantamiento de todas las sanciones y la exclusión del proyecto de misiles balísticos.