El lunes 24 de mayo Irán acordó prorrogar por un mes un acuerdo de monitoreo sostenido con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el cual implica mantener cámaras de vigilancia en los centros de producción nuclear iraníes. El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán afirmó que se han hecho "progresos muy significativos" en las conversaciones de Viena y que podría "conducir fácilmente a resultados si se toma una decisión política en Washington".
Por un lado, la Casa Blanca busca dilatar la cuestión, dado que no está dispuesta a retornar al acuerdo de 2015 exactamente en las mismas condiciones. Esto implicaría levantar directamente las sanciones impuestas a Irán, lo que podría traer aparejados altos costos políticos. Por otro lado, el gobierno iraní está apresurado por concretar las negociaciones para lograr un compromiso antes de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en la República Islámica el 18 de junio, dado que existe el temor de que los conservadores – en contra del acuerdo nuclear- salgan victoriosos.
La aprobación de la extensión del monitoreo por parte de la OIEA revela la voluntad y el apuro de Irán por ganarse la confianza de la contraparte y obtener respuestas favorables a sus condiciones. No obstante, la República Islámica ha puesto sus límites ya que, por ejemplo, se ha negado a entregarle a la OIEA la totalidad de la data recolectada por los Online Enrichment Monitors - dispositivos instalados que miden en tiempo real cuánto uranio se está enriqueciendo -.
Evidentemente, Estados Unidos e Irán disponen de tiempos disímiles en las negociaciones
2 desarrolladas en Viena. La pregunta es, ¿quién logrará imponerse en la recta final?