El mundo empezaba a ver la luz al final del túnel. El ritmo de vacunación en muchos países viene a buen ritmo, más allá del cuello de botella que aún existe. En este marco, Israel fue uno de los primeros Estados en llegar al 60% de su población vacunada.
No obstante, el COVID – 19 no da tregua. En los últimos días, se viene reportando 3000 casos por día en un país de 9 millones de habitantes y un ritmo ascendente de positividad cercana al 4%. En este contexto, se ha aumentado el número de puntos críticos a 18 ciudades.
Ya hace unas semanas, se ha indicado la aplicación de la tercera dosis de la vacuna Pfizer a personas mayores a 60 años para detener el avance de la variante Delta. Este proceso ha generado debate a nivel mundial ya que fue recomendado por la farmacéutica, pero aún no ha sido avalado ni por la ONU ni por los entes correspondientes de la UE o Estados Unidos. Sin embargo, el principal problema que marcan las autoridades, al igual que en muchos lugares del mundo, es que un total de 1.2 millones de jóvenes mayores a 12 años aún no se han inoculado. El primer ministro, Naftalí Bennet, no descartó un cierre total del país para evitar un colapso del sistema de salud.
En otro orden de cosas, según un estudio israelí, la variante Lambda demostró cierta resistencia a las vacunas. Se establece que la misma es altamente infecciosa y puede generar un peligro aún mayor que la versión Delta que en estos momentos se propaga por distintos lugares del mundo.