Gaza, no solo se evidencia que las heridas siguen abiertas, sino que la ocupación israelí aun continua vigente. La tan esperada reconciliación entre Hamas y Fatah que se anunció a principios de septiembre, parece haber pasado a un segundo plano frente a acontecimientos de los últimos días, esto es el reconocimiento de parte de Estados Unidos de Jerusalén como capital de Israel.
En este contexto, en la ciudad de Jerusalén se han manifestado distintos conflictos entre israelíes y palestinos, exponiendo las dificultades existentes para llevar adelante el proceso de paz entre ambos pueblos. Desde las protestas pacíficas por parte de los musulmanes ante el reforzamiento de la seguridad en la Explanada de las mezquitas/Monte del templo realizado por el gobierno israelí luego de un atentado, hasta la escalada de violencia tras el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de EE.UU. Este último hecho es el que más pone en jaque el proceso de paz, debido a la reivindicación de ambos pueblos por la ciudad de Jerusalén. Una situación de conflicto que debe ser resuelta en el marco de las Naciones Unidas. Sin embargo, el presidente Trump tomó una medida que perjudica la paz de la región de manera unilateral sin la consulta previa de la comunidad internacional, incluyendo a sus tradicionales aliados.
LIC. MARIANA MALDONADO, LIC. FABIÁN DRISUN E IMANOL BIURRUN
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Irán en el centro de la política de Medio Oriente: reinserción y moderación
Irán tiene un 2017 marcado por el intento de afianzar su posición en la región y profundizar su inserción internacional. Rohaní junto a su canciller Zarif, llevan adelante una estrategia internacional buscando socios dentro y fuera de la región e intenta darle consistencia al rol de potencia regional, expectantes de ser reconocidos como un actor racional, fiable e indispensable en las mesas de negociación.
En un Medio Oriente convulsionado, Irán busca no quedar excluido y hacer frente a las amenazas mediante una estrategia de balance externo. En ese sentido, continúa su apoyo a Siria e Iraq en su lucha contra Estado Islámico y grupos rebeldes, pensando ya en la reconstrucción de estos países y, afianzó lazos con Turquía, armonizando sus posiciones sobre la cuestión Kurda y Siria, donde junto a Rusia lograron avances políticos importantes. En el Golfo, busca mantener buenas relaciones con Omán y Qatar, a quien mostró su apoyo luego del bloqueo saudita. Con respecto al Líbano y a Yemen, mantuvo el apoyo a Hezbollah y a los Hutíes. En Asia Central y el Cáucaso, Irán firmó acuerdos con los países de litoral Caspio, Azerbaiyán y Afganistán, sumados a la visita de oficiales militares de Pakistán.
En el ámbito extrarregional, Irán se focaliza en dos objetivos: obtener inversiones y conseguir el aval del resto de los firmantes del Acuerdo Nuclear para que presionen a Estados Unidos (EUA). Irán continúa con el empujón heredado del 2016 consiguiendo acuerdos millonarios con empresas líderes como las francesas Total SA, Groupe Renault y Peugeot Citroen, la alemana Siemens y la surcoreana Hyundai Rotem. La economía comienza a despegar, pero muchas empresas temen sufrir sanciones de EUA. A pesar de que Trump no certificó el Acuerdo Nuclear, Irán obtuvo el respaldo del resto de los firmantes. La respuesta fue concisa: “Irán no será el primero en violarlo”.
Un año con fuertes expectativas de la diplomacia iraní y no falto de desafíos. Logró obtener peso en la lucha contra-hegemónica frente a Arabia Saudita y ser reconocido como una potencia regional que se ajusta al derecho internacional. A dos años de la firma del Acuerdo Nuclear, Irán es reconocido en el rol que hace mucho tiempo le pertenecía, siendo hoy indispensable para la solución de los problemas en la región.
MARTÍN BETTATI Y JONATÁN CARNÉ
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Un año signado por las tensiones políticas entre Turquía y Occidente
La victoria de Donald Trump fue vista con buenos ojos desde Turquía luego de que los lazos entre ambos países se hubiesen visto afectados en los últimos meses del mandato de Obama. Sin embargo, durante este año, las relaciones bilaterales se han distinguido por una constante tensión.
Entre las divergencias principales se encuentra el apoyo brindado por EEUU al grupo kurdo sirio YPG, considerados por Washington como aliado fundamental en la ofensiva contra Daesh. Sin embargo, Ankara considera a las YPG como aliado del PKK turco, y, por lo tanto, como una organización terrorista. Otro de los ejes de tensión ha sido la negativa de EEUU frente al pedido de Ankara de extradición de Fethullah Gülen, acusado de organizar la intentona golpista del 2016. Finalmente, los vínculos bilaterales se exasperaron luego de que EEUU anunciara la suspensión en la emisión de visados de no inmigrante a los ciudadanos turcos en las instalaciones de EEUU en Turquía.
En el seno de la OTAN se generaron fricciones por la decisión del gobierno turco de adquirir el sistema de defensa antiaéreo ruso S-400, incompatible con los sistemas de la organización. Otro punto de conflicto se produjo tras aparecer las caras de Erdogan y Mustafa Kemal como blancos en un ejercicio militar, lo cual motivó el enérgico rechazo de Turquía.
Surgieron asimismo conflictos con la Unión Europea, al anunciarse una reducción de los fondos de preadhesión para Turquía. Las fricciones permearon las relaciones con Alemania. Con motivo de la reunión del G20, Alemania rechazó el pedido de Erdoğan para dirigirse a sus compatriotas en dicho país, negativa similar a la recibida durante su campaña para el referéndum constitucional. Erdoğan llegó a inquirir sobre “prácticas nazis” para referirse a la conducta alemana de suspender los mítines organizados por funcionarios turcos. Otro foco surgió tras la detención en Turquía de ciudadanos alemanes acusados de participar en el fallido golpe. Por otro lado, tuvo palabras similares con el gobierno holandés, a raíz de la decisión de suspender en su territorio los mítines y presentaciones de funcionarios turcos.
LIC. NAHIR ISAAC, ABRIL MANALI MUÑOZ Y LUCA PACE
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Exclamar “victoria” no trae la paz
A fines del 2017, luego de seis años de conflicto armado, las voces que proclaman que la guerra en Siria terminó se multiplican. De manera simbólica, en diciembre el Presidente Putin viajó a la base de Jmeimim donde se reunió con su homólogo sirio, el Ministro de Defensa ruso y el comandante de la fuerza en el país, para autorizar la retirada –parcial- de las tropas, tras lo que llamó “una victoria deslumbrante” contra el Estado Islámico (EI).
Dos años después de la entrada de Rusia en el conflicto apoyando decisivamente al Ejército Árabe Sirio (EAS), junto con la infantería iraní y milicias aliadas, la situación político-militar se ha decantado inexorablemente a favor de esta coalición. El EAS logró avanzar sobre tierras hasta hace muy poco controladas tanto por las milicias opositoras que responden a potencias regionales e internacionales, como por el EI. Este último, prácticamente derrotado como fuerza militar, ha perdido sus dos últimas urbes: en su capital de facto al- Raqqa por las milicias kurdas y la aviación estadounidense y en el estratégico enclave de Deir Ez-Zor por la coalición sirio-ruso-iraní.
En lo diplomático se podría hablar de una vuelta a la realpolitik en la región. Mientras que las negociaciones de Ginebra auspiciadas por la ONU se encuentran estancadas, Rusia, Irán y Turquía han logrado imponer su influencia y cambiar el eje patrocinando las negociaciones de Astaná. En este marco, se han alcanzado acuerdos de distensión en los frentes de batalla con las milicias opositoras. Las organizaciones terroristas EI y Jabhat al-Sham (antes Jabhat al-Nusra) fueron excluidas del acuerdo.
A pesar de la apresurada declaración de victoria, la paz parece inalcanzable. La caída del EI no significa su desaparición, en tanto conserva su capacidad de acción terrorista, pero puede traer aparejado un fortalecimiento de al-Qaeda en Siria.
La falta de un acuerdo político sobre el futuro sirio frente a la posibilidad por parte del gobierno de imponer de manera autoritaria sus propios términos; la fractura sectaria, tribal y social; la crisis económica y la cantidad de refugiados y desplazados son aspectos que van a seguir determinando la conflictividad en el país durante los siguientes años.
PALOMA RODRIGUEZ GUARAGLIA Y RODRIGO MEDIN
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
2017: un año difícil para el país más poblado del mundo árabe
El 2017 ha sido un año complicado para Egipto, las problemáticas que apremian al país son graves y su solución no parece estar cerca.
El país norafricano ha sido blanco, en reiteradas oportunidades, del terrorismo yihadista, siendo las comunidades religiosas las principales afectadas. En este sentido, los ataques simultáneos contra dos iglesias ubicadas en Tanta y Alejandría, en abril, el atentado perpetrado contra un grupo de cristianos coptos que se dirigían al monasterio de San Samuel, en mayo, y el atentado en la mezquita de Al Rauda, en noviembre, que ha sido considerado como la acción terrorista más sangrienta registrada en el país en su historia reciente no solo arrebataron una enorme cantidad de vidas humanas, sino que también sembraron el terror en la sociedad.
El gobierno egipcio ha considerado a los mencionados ataques como muestra de la debilidad, la desesperación y la necesidad de exhibir poder que tienen los grupos terroristas que se adjudicaron la autoría de los mismos. A su vez, el presidente del país, Abdelfatah al-
Sisi, ha procurado llevar tranquilidad a la población afirmando con firmeza que los ataques no quedaran impunes, dejando en claro su marcada intención de llevar adelante una incansable lucha contra el terrorismo y el fundamentalismo religioso violento que acecha a su país.
Sin embargo, el alcance y las dimensiones de los actos terroristas acontecidos durante el 2017 ponen en duda la eficacia del ejército y la policía egipcia y demuestran que las tareas de inteligencia y análisis continúan siendo su punto débil.
Además, la situación en que se encuentra la sociedad civil en Egipto ha sido motivo de preocupación de distintos Estados, organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, los cuales no han dudado en esgrimir sus críticas a las condiciones imperantes en materia de derechos humanos. Las acusaciones por desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales realizadas contra las fuerzas de seguridad, la campaña impulsada contra ciudadanos por su orientación sexual y el control gubernamental sobre las organizaciones no gubernamentales y su consecuente limitación para supervisar, promover y presentar informes en materia de derechos humanos son solo algunas de las imputaciones que el gobierno egipcio se ha encargado de negar categóricamente a lo largo del año que se encuentra llegando a su fin.
MARÍA VICTORIA UBEDA
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Libia: la puesta en marcha de una solución política frente al caos
Como ya es bien sabido, la inestabilidad institucional es la raíz de la situación crítica que atraviesa Libia, considerada desde hace tiempo como un Estado fallido. Un balance a finales del corriente año vislumbra, no obstante, esfuerzos para remediar tal situación.
Ante la crisis migratoria desencadenada por la descomunal alza del número de refugiados y muertos, ahogados en aguas internacionales, la UE se vio obligada a emprender una política más activa frente a la ruta libia de tráfico ilegal; lo que implicó, por ejemplo, el equipamiento de la guardia costera libia. También afloraron disputas entre ONGs y los gobiernos por el accionar en el Mediterráneo. Recientemente, en conjunto con la Unión Africana, se acordó fortalecer el programa de repatriación de migrantes, dadas las espantosas condiciones de detención de aquellos que quedan atrapados en Libia.
A su vez, desde julio, tomó forma el camino hacia la reconciliación nacional. El presidente francés encabezó la iniciativa para reunir a las dos figuras políticas claves. Haftar y Serraj acordaron el cese al fuego y manifestaron su compromiso de celebrar elecciones en 2018,
lo que posteriormente se tradujo en un plan de acción diseñado por el enviado especial de la ONU, que propone enmendar el infructuoso acuerdo de Sirtaj de 2015. Hasta el momento, las reuniones entre los representantes se llevan a cabo según lo acordado.
No obstante, la economía libia experimentó un gran crecimiento gracias a las exportaciones de petróleo ya que está exenta de los recortes de producción de la OPEP y, si bien las milicias del EI continúan teniendo presencia en el territorio -en mayo, tras el atentado de Manchester, se conoció que el atacante se había radicalizado en bases yihadistas libias- la lucha contra ellas avanza, encabezada principalmente por las fuerzas de Haftar y las norteamericanas.
Sin embargo, la industria del tráfico ilegal de personas, puesta en evidencia múltiples ocasiones, y el entramado de milicias que se disputan el poder matizan las expectativas respecto al incipiente compromiso de superar la división política, ya que la estabilidad de este consenso es aún frágil frente a la dimensión de los obstáculos que ha de enfrentar.
VICTORIA NASURDI
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
El éxito democrático tunecino entre aciertos, errores y nuevos desafíos
Las primeras elecciones democráticas en Túnez crearon en 2011 una Asamblea Constituyente con la potestad de elegir a la jefatura del Estado y del Gobierno, fiscalizar al poder ejecutivo y redactar la nueva Carta Magna. Esta última, establecida y sancionada en 2014 marcó un hito histórico y sin precedentes en la región.
Este último año la Constitución tunecina continuó avanzado y se ha colocado a la vanguardia de las demandas de ciertos sectores de su sociedad. En particular, las mujeres tunecinas fueron ganando un espacio cada vez mayor y su demanda por la igualdad de género logró plasmarse en ciertas victorias legislativas. Una de ellas fue la aprobación de una ley para prevenir y castigar todo tipo de violencia contra las mujeres, suprimiendo artículos como el 227 bis del Código Penal, que permitía al violador de una menor evitar una pena de cárcel si se casaba con la víctima, o la supresión de decretos como el de 1973 que prohibía el matrimonio de las mujeres musulmanas con hombres de otra religión. Inversamente, la Carta Magna fue sufriendo reveses en otros ámbitos. Un éxito al inicio proceso de democratización como fue la creación de una Comisión Nacional de Investigación de Casos
de Corrupción y Malversación, ha sido empañado este año tras la aprobación de la “ley de reconciliación administrativa” que archiva todos los procesos judiciales abiertos contra funcionarios por delitos de corrupción cometidos antes de la Revolución de 2011. Por otro lado, en materia de libertad de expresión, con la aprobación del borrador de la ley de “protección de las fuerzas de seguridad” se correría el riesgo de legalizar los crímenes de las fuerzas de seguridad, quienes podrían en una movilización, por ejemplo, actuar de forma desproporcionada sin rendir cuenta al poder judicial.
Los desafíos en materia legislativa, las alarmantes cifras de desempleo y de inmigración juvenil hacia Europa y la inestabilidad económica, desafían el proceso de consolidación democrática. Pero aún pese a dichas inestabilidades, Túnez continúa posicionándose en la región como el Estado árabe más avanzado en términos democráticos.
PAULA BERDINI BARBERO
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
2017: año de incertezas, tensiones y conflicto para la península arábiga
El 2017 transcurrió como un período convulso para Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo, no sólo por los cambios domésticos, sino por los realineamientos de las alianzas regionales.
Este año coronó el ascenso meteórico del príncipe saudí Mohammed bin Salman, hijo del actual monarca Salmán bin Abdulaziz. Siendo Ministro de Defensa y el encargado de llevar adelante la Visión 2030, el 21 de junio de este año pasó a ser el príncipe heredero al trono luego de que su primo fuera destituido. A partir de ese momento se profundizó uno de sus proyectos políticos más importantes que es el de contrarrestar la influencia de Irán en la región y ocupar la vacante de Egipto en el liderazgo del Mundo Árabe. Además, bajo la carátula de la lucha contra la corrupción comenzó un proceso de depuraciones. En noviembre se detuvo a 11 príncipes y decenas de ministros, además de la destitución de poderosos líderes militares, en una purga sin precedentes.
Por otro lado, en el Consejo de Cooperación del Golfo comenzó la mayor crisis de su historia, aún no resuelta. El 5 de junio Bahréin, Arabia Saudita y EAU –entre otros países de la región- rompieron relaciones con Qatar, alegando que ponía en peligro su seguridad nacional. Lo acusaron de brindar apoyo financiero e ideológico a grupos terroristas islámicos (como la Hermandad Musulmana), y de proveer refugio a funcionarios talibanes y de Hamas. La preocupación por la cercanía con Irán fue
uno de los principales motivos detrás del bloqueo y sanciones. Las demandas exigidas para normalizar los vínculos fueron rechazadas por Qatar, quien afirmó que los reclamos carecen de evidencia.
Los acontecimientos en Yemen configuran un tercer escenario fundamental para la Península en este año. Este país atraviesa un complejo conflicto sociopolítico de carácter intermitente, cuyos orígenes se remontan al nacimiento mismo del actual Estado, y que hoy toma la forma de una guerra civil “híbrida” (en curso desde principios de 2015), donde a la acción –directa o indirecta- de diversos actores (estatales y no estatales) se suma las disputas intertribales de base que sostienen el conflicto. El impacto resultante es abrumador: cientos de miles de muertos, millones de desplazados y migrantes, un sistema sanitario quebrado, una economía destruida, una sociedad disgregada, etc. Actualmente, tras el asesinato de uno de los actores principales del conflicto, el expresidente Saleh, el cuadro de alianzas entre las fuerzas en disputa se encuentra en pleno flujo, mientras que las potencias regionales (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán, entre otros), que las patrocinan y financian, han decidido potenciar el conflicto.
AGUSTÍN DIP, MARÍA LAURA GARCÍA ROKO E IGNACIO PUNTIN
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Líbano: la derrota del terrorismo y la renuncia de Hariri
En un nuevo año que llega a su fin, los inconvenientes regionales demostraron, una vez más, su incidencia en la política interior del Líbano. La agenda nacional estuvo marcada por dos hechos fundamentales. Por un lado, la lucha contra el derrame del conflicto sirio, y por otro, las crecientes tensiones entre Arabia Saudita e Irán que empujaron la renuncia virtual del primer ministro, Saad Hariri.
El primer hecho refiere a los logros militares frente al terrorismo islamista conseguidos en la frontera sirio-libanesa a mediados de año. La primera victoria, en Arsal, se logró luego de una operación táctica sin precedentes realizada por Hezbolá que llevó a la rendición del Frente Al-Nusra, y reveló a su vez los grandes avances del ejército del Partido de Dios. Un papel importante también cumplieron las fuerzas nacionales, asegurando los alrededores de Arsal. Semanas más tarde se registraron nuevos avances por parte del ejército libanés al expulsar de otras localidades fronterizas a combatientes de ISIS, al mismo tiempo que el ejército sirio, junto con Hezbolá, recuperaba otros sitios estratégicos de las fronteras.
En segundo lugar, la lucha por la hegemonía regional entre Teherán y Riad tuvo otro round,
involucrando en esta ocasión al Líbano. La población se vio sorprendida el pasado 4 de noviembre cuando, desde una transmisión realizada desde Arabia Saudita, el primer ministro presentó su renuncia al cargo, renegando sobre la interferencia iraní en la política local y advirtiendo sobre amenazas a su vida y a la de su familia. En medio de un fuerte misterio, se rumoreó que el jefe de gobierno libanés estaba en Riad privado de su libertad, y que la medida había sido promovida desde el trono saudita. Las protestas en Beirut y la intervención de Francia insistiendo en que Hariri debía visitar París lograron romper el cerco, y tras un breve paso por la Ciudad de las Luces, regresó a la capital libanesa el 21 de noviembre. Una vez allí, retiró la renuncia y promovió un frágil acuerdo para mantener al Líbano lejos de los conflictos regionales.
Además, la agenda doméstica será testigo de un destacado hecho el año próximo: en mayo tendrán lugar las elecciones parlamentarias destinadas a renovar las 128 bancas de la Cámara de Diputados. Serán las primeras en nueve años, y agitarán aún más las turbulentas aguas de la política libanesa.
PROF. LIC. SAID CHAYA Y RODRIGO ECHEN
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
2017: entre la estabilización del valor del crudo y las tensiones geopolíticas intrazona
Desde el punto de vista económico, 2017 estuvo marcado por dos cuestiones relevantes: el esfuerzo liderado por Arabia Saudita desde la OPEP para elevar los precios del crudo y diversificar la dependencia de la explotación del mismo, así como por la crisis diplomática de los países del Golfo Pérsico con Qatar.
Ya a finales del 2016 la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tomó la decisión de recortar su producción a partir de enero de 2017, a los fines de presionar al alza el precio del barril. La decisión respondía a la gran cantidad de crudo disponible desde la OPEP, sumado a la llamada “shale revolution” (extracción de petróleo por medio del fracking) en Estados Unidos que había inundado la oferta, llevando el barril a los USD 40.
Arabia Saudita, alarmada por la caída de sus ingresos y su excesiva dependencia del petróleo, impulsó este recorte desde la OPEP, decidido en la última Cumbre en Viena del pasado 30 de noviembre. El recorte de 1.8 millones de barriles diarios estará vigente hasta marzo de 2018, tratando de elevar un poco más, la ya lograda recuperación del 36% en el
valor del barril.
Por otra parte, se destacó durante 2017 el bloqueo político y diplomático a Qatar por parte de Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Estos buscaron presionar al reino tanto política como económicamente para que se aggiorne a los lineamientos de la región mediante los llamados “Requisitos conjuntos para Qatar”. Si bien Doha se vio muy presionada por la pérdida de sus dos grandes puertos y por este listado de 13 requisitos, su economía interna y sus relaciones comerciales no sufrieron el efecto esperado por el boicot.
No obstante este panorama, el año entrante también habrá que seguir de cerca las relaciones entre los países del Golfo e Irán, ya que luego del levantamiento de las sanciones al país persa, éste comenzó a afectar la oferta de crudo con su producción. La delicada situación entre Irán y Arabia Saudita por Yemen y, el temor de Teherán ante la nueva política norteamericana constituyen focos geopolíticos muy relevantes en la región.
LIC. LUCIA MARTINEZ DE LAHIDALGA Y MARÍA AGUSTINA CABRERA
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Kurdistán: a casi tres meses del referéndum
En un contexto de creciente volatilidad regional, la celebración del referéndum kurdo marca un punto de ruptura en relaciones internacionales de Medio Oriente. Con él, el mayor pueblo del mundo sin Estado intenta, por un lado, materializar un anhelo histórico - consolidar la independencia estatal kurda- y, por el otro, poner la cuestión independentista en las principales líneas de la agenda internacional.
Con una economía en serios problemas de solvencia, e instituciones pobremente democráticas, las perspectivas futuras no son positivas.
En este sentido, Iraq y sus dos poderosos vecinos, Turquía e Irán, se alzaron para rechazar la celebración del referéndum. En primer lugar, porque el referéndum incorporaba zonas históricamente disputadas entre Erbil y Bagdad como Kirkuk –valiosísima fuente de crudo y gas natural-, que podían representar para Iraq la pérdida de un tercio de su territorio y, en segundo lugar, porque podría animar ambiciones separatistas kurdas en las fronteras de los países mencionados.
El contundente rechazo, al mismo tiempo, se materializó en medidas concretas. Iraq forzó la suspensión de vuelos internacionales hacia el Kurdistán y, asimismo, tomó el control del enclave Kirkuk. Por su parte, Erdogan amenazó con clausurar el oleoducto que permite al Kurdistán exportar crudo a través de territorio turco.
El caso de otras potencias, como Estados Unidos o Francia dista un poco de los principales afectados, pues manifiestan la necesidad de entablar un diálogo pacífico entre Erbil y Bagdad, apoyo a su vez expresado por comunicados oficiales de la ONU.
A pesar de las presiones internacionales, aún no se han llevado a cabo negociaciones efectivas que avancen en la solución del conflicto.
Más allá de los anhelos históricos del pueblo kurdo, es preciso considerar las posibilidades y capacidades materiales del Kurdistán para su consolidación como un Estado, sin dejar de tener en cuenta la intrincada y cada vez más complicada situación económica que atraviesa la región autónoma. En este sentido, no se trata de si el pueblo kurdo podrá transformarse en un Estado, sino en la clase de Estado que pueda emerger: un Estado pobre e inestable o, en el peor de los casos, un Estado fallido.
TOMÁS MIÑO
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Tres años de Califato: perdida de territorio, atentados low cost y “califato virtual”
Fue en junio del año 2014 cuando Abu Bakr al-Bagdadi, líder de la organización terrorista Estado Islámico (EI), se dirigió frente a la mezquita de Mosul y proclamó el inicio del único Califato que se extendería hacia el Occidente, borrando los actuales límites para crear un solo Estado habitado millones de habitantes. Hoy, a tres años de su existencia, EI transita una etapa marcada por la pérdida de control territorial, nuevos métodos de organización y funcionamiento, los llamados atentados “low cost” y una nueva estrategia de difusión propagandista, “el califato virtual”.
Es evidente que la supervivencia de EI se vio profundamente afectada tras la caída de sus principales bastiones en la ciudad de Mosul y Al-Raqqa. Sin embargo, sería un error creer que la derrota sellaría el fin de esta organización.
Por otro lado, durante 2017 grandes ciudades cosmopolitas como Nueva York, Londres, Paris y Barcelona sufrieron atentados que llevó adelante EI, los cuales tiene una particularidad: son atentados low cost, es decir, de bajo costo, porque ellos enseñan a
llevarlos adelante sin un gran despliegue tecnológico ni tampoco con una gran inversión.
Esto comprueba que detrás de la posesión de territorio, un sistema de gobernanza y su estrategia paramilitar, existe una estrategia ideológica que no requiere de territorio físico para su continuación. Ésta se combina, además, con una bien aceitada maquinaria propagandística basada en el uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), es decir, blogs, redes sociales y aplicaciones disponibles en cualquier smartphone, donde apelan a la instrumentalización de un discurso religioso y alientan o guían a sus seguidores para perpetuar atentados.
Todo ello implica reconocer que, a pesar de transitar un periodo de decadencia del Califato, las sociedades aún corren el riesgo de verse expuestas. Probablemente, EI pase ahora a adoptar la forma clásica de un grupo terrorista, y que su pérdida de popularidad haga mermar su capacidad de reclutamiento, pero manteneniendo sus objetivos e ideología latentes.