El 11-S abrió un capítulo de la historia moderna y del vínculo entre Estados Unidos y la región del Medio Oriente y Norte de África. La Operación "Libertad Duradera" tuvo como primer foco Afganistán, por el vínculo que tenía con Al Qaeda y su líder, Osama Bin Laden.
El régimen talibán nace como una contraofensiva a la ocupación Soviética en la zona, cuyo principal objetivo fue (y actualmente es) la rigurosidad Islámica, el combate contra la corrupción y la violencia. Estados Unidos, ante estas directivas, entiende que el vínculo entre Al Qaeda y el régimen talibán es natural, y por lo que la continuidad en el poder de éste supondría, consecuentemente, la prolongación en tiempo y espacio del terrorismo global.
Tras el desembarco de la operación, Estados Unidos permaneció en el territorio con el objetivo de que se den las condiciones para que dentro de Afganistán surja un gobierno de características occidentales, una democracia liberal. Sin embargo, esto fue un error de lectura. Tras la muerte de Osama Bin Laden en el año 2011, ¿qué los mantenía en territorio afgano? ¿cuáles eran los objetivos reales de los Estados Unidos?
A 9 años de los acontecimientos, durante el mandato de Donald Trump se dio, en febrero del 2020, la firma del Acuerdo de Paz entre Kabul y Washington. El mismo estableció el repliegue de las fuerzas norteamericanas en el extranjero, acorde a la política exterior defendida por Trump.
Sin embargo, la fecha de salida se retrasó hasta el 2021, y tras la falta de conversaciones intra-afganas y más de una década de denuncias de corrupción, los Talibanes encontraron un suelo fértil para hacerse con el poder del Estado.
Cinco años pasaron desde el restablecimiento del Emirato Islámico de Afganistán, y desde entonces, las denuncias sobre la discontinuidad del ejercicio de los derechos humanos han sido moneda corriente. Para mencionar algunos, mujeres y niñas han sido confinadas al ámbito del hogar; el derecho a la educación de las mismas se revocó (tanto escolar como universitario), así como también la posibilidad de acceder al mercado laboral; y ha habido un endurecimiento del control del espacio público.
Podemos decir entonces que se ha vuelto al punto de partida. El objetivo de poder establecer un Estado de derecho sin la estadía de Estados Unidos en suelo afgano fue un fracaso. La falta de conversaciones con líderes locales y la imposición de referentes que no tenían legitimidad ni impulso político favoreció el retorno del uso de la violencia.[1]