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2023: Israel y Hamás, un año signado por la guerra y sus consecuencias

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12 de diciembre de 2023 9 min Medio Oriente 1.838 palabras
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El conflicto entre palestinos e israelíes ha estado en el centro de los debates internacionales durante años, al ser uno de los más complejos y enquistados a nivel mundial, junto a una de las principales causas de inestabilidad en la región del Medio Oriente y Norte de África (MENA). Desde sus inicios, esta disputa motivó sucesivos enfrentamientos armados y, paralelamente, impulsó iniciativas que buscaban una salida negociada al conflicto. No obstante, a lo largo del siglo XXI dicho conflicto fue perdiendo relevancia en la agenda internacional, pasando a un segundo plano frente a otros acontecimientos que convulsionaron la región.

Sin embargo, el 7 de octubre de 2023, el conflicto volvió a acaparar todas las miradas y a ocupar un primer plano en los medios internacionales cuando la organización islamista Hamás perpetró el peor ataque terrorista de la historia de Israel. De esta manera, el conflicto se reanudó, alcanzando niveles de intensidad, violencia y destrucción que no se habían visto con anterioridad.

Examinar de manera sucinta el contexto previo a este evento proporciona claridad sobre sus posibles causas. En Israel, se vislumbraba una sociedad fuertemente fragmentada, la cual había atravesado cinco elecciones en el transcurso de tres años, proceso que culminó en el triunfo de lo que algunos consideran la coalición más derechista en la historia del Estado judío. A su vez, profundamente dividida en torno a una polémica reforma judicial impulsada por el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que durante todo el año enfrentó a los israelíes y los empujó a movilizarse en las calles.

El regreso de Netanyahu, acompañado de socios ultranacionalistas y ortodoxos, no fue un hecho menor. Durante más de una década, la estrategia predilecta del primer ministro respecto al conflicto fue establecer una política de estabilidad del statu quo; esto es, un enfoque que enfatiza la gestión hábil del conflicto, en lugar de esfuerzos por resolverlo. Esto, en ocasiones, implicaba emprender operaciones en la Franja de Gaza, con el objetivo de asestar un golpe en las capacidades operativas y militares de Hamás.

Sumado a esto, su política se caracterizó por una combinación de maximalismo territorial y poder duro. Es decir, continuar con la anexión y expansión territorial mediante la construcción de asentamientos en Cisjordania; mientras se dejaba de lado cualquier estrategia negociadora y se mantenía el militarismo. A modo de ejemplo, desde comienzos de 2023 hasta julio, el gobierno de Netanyahu había aprobado la construcción de 13.000 viviendas en Cisjordania.

Otra estrategia llevada a cabo por Netanyahu fue el acercamiento a países árabes, que llevó al aislamiento de los palestinos e hizo que la causa palestina pierda fuerza al interior de algunos estados del MENA. De hecho, el ataque de Hamás sobre Israel, coincidió temporalmente con el acercamiento formal entre Arabia Saudita e Israel, quienes se encontraban negociando la normalización de relaciones diplomáticas, acuerdo que se vió pausado con la reanudación del conflicto palestino-israelí.

Ahora bien, este contexto resultó propició para que Hamás logré llevar a cabo lo que autodenominó como “Operación Tormenta Al-Aqsa”. Alrededor de las 6:30 a.m., hora local, Hamás lanzó un ataque de gran envergadura contra Israel desde la Franja de Gaza; sus miembros armados lograron penetrar varios Kibutzim israelíes que rodean Gaza y la ciudad de Sderot. Esto fue acompañado de un fuerte ataque con cohetes. Como resultado de este ataque, murieron cientos de personas, otras miles fueron heridas y otras tantas fueron tomadas como rehenes.

Analistas señalan que para Hamás el momento del ataque fue “propicio”. Por un lado, el ejército israelí estaba concentrado en Cisjordania y, por otro, Hamás tomó ventaja de la crisis política y social que atravesaba Israel, ya que a su juicio debilitaba sus capacidades de defensa. Asimismo, la posibilidad de que Israel normalice las relaciones con Arabia Saudita representaba una amenaza para el grupo islamista. No obstante, a ojos del público, Hamás sostuvo que su ataque fue en respuesta al bloqueo de Gaza, las incursiones israelíes en Cisjordania, la violencia en el sitio sagrado de Jerusalén, conocido como el Monte del Templo, los ataques de colonos judíos a palestinos y el crecimiento de los asentamientos.

Este ataque dejó al descubierto la ineficacia de la estrategia statu quista de Netanyahu, desmitificó la percepción de Israel como un actor "invencible" y demostró que Hamás no es un enemigo predecible. La capacidad de Hamás para sorprender y eludir los sistemas de seguridad israelíes, así como el aparato de inteligencia, expuso las vulnerabilidades en la seguridad del Estado Judío. Sin duda, la ejecución de un operativo de tal envergadura implicó una extensa preparación, sincronización y, posiblemente, apoyo externo.

Posteriormente al ataque y cincuenta años después de la Guerra de Yom Kippur, Israel declaró la guerra. Su contraofensiva, que tomó el nombre de “Operación Espada de Hierro”, implicó el inició de acciones selectivas en la Franja de Gaza. Entre el 7 y el 8 de octubre, las fuerzas israelíes informaron que habían atacado por aire casi 500 objetivos en la Franja de Gaza, incluyendo centros de comando operativos, complejos militares, viviendas, túneles, la mezquita Al-Amin Muhammad, casas de funcionarios de Hamás y la Torre Wata, que servía como centro para los proveedores de Internet en la zona. Mientras al interior de Israel se mantenían combates entre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y militantes de Hamás, que habían tomado localidades y rehenes. Paralelamente, una de las primeras medidas que tomó Israel fue cerrar por completo la Franja de Gaza y cortar el suministro de agua, electricidad, alimentos y combustible.

El ministro de Defensa israelí, Yoav Galant, sostuvo ante un comité de la Knesset (parlamento israelí) que la guerra tendría 3 fases principales: la primera incluiría ataques aéreos y una maniobra terrestre para la eliminación de Hamás y destrucción de sus capacidades militares y de gobierno; una segunda fase para eliminar los focos de resistencia; y una tercera que consistiría en crear “un nuevo régimen de seguridad” en la Franja de Gaza y alrededores. Empero, la operación terrestre no se realizó hasta finales de octubre, siendo una maniobra ampliamente esperada, por su impacto tanto al interior de la Franja de Gaza y dentro de las filas de las FDI.

La incursión israeli terrestre en Gaza se está desarrollando bajo un enfoque distinto a los utilizados en operaciones anteriores. La naturaleza gradual de la operación, según funcionarios israelíes, obedece a razones militares, no diplomáticas: la necesidad de preparar a tropas para una campaña prolongada, un deseo de evitar dañar a las más de 200 personas retenidas por Hamás como rehenes, así como preocupaciones tácticas, tales como buscar minas y otras defensas colocadas por los militantes. La primera etapa del plan se basó en dividir a la Franja en dos, de norte a sur, con el objetivo de bloquear la región norte de la franja costera y aislar la ciudad de Gaza, identificada como el centro militar de Hamás.

La estrategia israelí se basó en una incursión selectiva centrada en el combate urbano para localizar, aislar, restringir y posteriormente eliminar a los comandantes de Hamás y sus respectivas posiciones militares, ubicadas principalmente en zonas residenciales y edificios públicos como hospitales, escuelas, mezquitas, etc. La premisa principal es la de minimizar riesgos, tanto para las FDI como para los civiles palestinos, lo cual implicó hasta el momento el traslado de gran parte de población civil de Gaza al sur, alentada a partir de advertencias emitidas por las FDI. No obstante, a diferencia de operaciones anteriores, que, como se mencionó anteriormente, se orientaban a limitar las capacidades militares de Hamás y dañar su infraestructura bélica, la operación actual tiene como meta final eliminar por completo a Hamás.

Asimismo, esta guerra es diferente a las demás ya que llega en un momento en el que las “fallas tectónicas” que dividen Medio Oriente retumban fuertemente. Durante al menos dos décadas, el panorama geopolítico de la región se ha dividido entre los aliados de Irán y aquellos afines a EE.UU. En ese sentido, desde el inicio de su contraofensiva, Israel ha enfrentado amenazas en diversos frentes encabezados por la red de alianzas de Irán llamado el “eje de la resistencia”, formado principalmente por milicias como Hezbollah en el Líbano y los Hutíes en Yemen. No obstante, hasta la fecha, dichos enfrentamientos se han caracterizado por su magnitud limitada, dando lugar a incidentes de menor escala y lanzamientos de proyectiles, los cuales han resultado en un número reducido de víctimas mortales.

Debido a la gran presión internacional, tras seis semanas de guerra, el 24 de noviembre se alcanzó un acuerdo de alto al fuego temporal entre Israel y Hamás para el intercambio de rehenes por prisioneros y el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza. En este marco, EE.UU. y Qatar han tenido un rol mediador importante para lograr esta tregua. Ambos países son claves en el desarrollo del conflicto, EE.UU. como principal aliado de Israel y Qatar, por ocupar un rol predominante en el financiamiento de Hamás y hospedar a sus principales líderes.

Este acuerdo implicó concesiones mutuas, 108 israelíes secuestrados fueron liberados a cambio de la excarcelación de 240 palestinos. Ambas partes obtuvieron beneficios tanto militares como políticos. Israel logró recuperar más de cien rehenes, mientras que Hamás tuvo la oportunidad de reorganizarse y aliviar la situación para los civiles en Gaza. No obstante, después de una tregua de

siete días y el desacuerdo en las negociaciones para extenderla, principalmente debido a acusaciones mutuas de violar el alto el fuego, la guerra se reinició.

Tal como prometió el premier israelí la guerra continuará “hasta que se alcancen los objetivos” y las FDI han expandido sus bombadeos aéreos y operaciones terrestres al sur de Gaza. Frente a este avance israelí los bombardeos por parte de Hamás continuan, lo que da cuenta de que Hamás ha utilizado la mayoría de los recursos obtenidos durante la tregua en sus capacidades bélicas, privando de ellos a los civiles y agravando aún más la situación humanitaria de los gazatíes.

Finalmente, a medida que la guerra avanza, surgen interrogantes cuyas respuestas se revelarán en el futuro. Entre ellos, se destacan: ¿Cuál será el destino del gobierno israelí? ¿Quién asumirá las responsabilidades en Israel por los acontecimientos del 7 de octubre? ¿Cómo se configurará el "nuevo régimen de seguridad" en la Franja de Gaza? ¿Qué entidad liderará el enclave al concluir la guerra? y, ¿Cuál será el costo de estos acontecimientos?

Empero, se puede afirmar que la guerra ha causado devastadoras consecuencias y daños difíciles de remediar. Hasta el momento de escribir esta noticia, del lado israelí fuentes oficiales contabilizan más de 1200 muertes, mientras que 134 personas aún permanecen cautivas en la Franja de Gaza. Del lado palestino, al menos 16.248 personas han muerto en Gaza, según un comunicado de la oficina de prensa de Hamás. Además, al menos 43.616 personas han resultado heridas, 7.600 han desaparecido y 1,7 millones de personas han sido desplazadas. Asimismo, los organismos internacionales señalan que las condiciones humanitarias al interior de Gaza son catastróficas y apelan a un alto el fuego.

Palabras clave: Israel - Franja de Gaza - Guerra - Conflicto Palestino-israelí

Fuentes

elpais.com bbc.com elpais.com

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