Para Irak, el año 2019 estuvo marcado por momentos de tensión tanto a nivel interno como externo. Para hacer referencia a los mismos, resulta imposible dejar de lado las particularidades de la propia sociedad iraquí, la cual se encuentra desempeñando un papel sumamente importante revelándose y haciéndose escuchar en los últimos meses ante la clase gobernante del país.
Pero antes referirnos a la situación actual, cabe destacar que el 2019 puede dividirse en dos periodos que han ido alternando las cuestiones de primer orden en la agenda iraquí. En primer lugar se debe hacer mención de la crisis regional, aún latente, como resultado de las disputas de poder entre Estados Unidos e Irán. Si bien éstas no llegaron a un enfrentamiento armado, hubo momentos claves durante la primera mitad del año, entre ellos destacan: los drones que bombardearon milicias iraníes en Irak, la iniciativa norteamericana de dirigir una coalición del Mar del Golfo y el rechazo iraquí a formar parte de la misma.
Además, es importante remarcar el papel pacificador y neutral que asumió el gobierno de Irak desde el primer momento que se dieron a conocer las tensiones entre la potencia norteamericana y la Republica Islámica. Uno de los momentos remarcables en el lineamiento de la posición neutral adoptada quedó plasmado en el discurso pronunciado por el presidente Barham Salih en el marco de la 74 Asamblea General de Naciones
Unidas, donde reafirmó las intenciones de actuar como país mediador y remarcó lo catastrófico que sería para Irak que las tensiones se conviertan en un enfrentamiento armado, ya que aún se encuentra en vías de reconstrucción.
Sin embargo, la preferencia por solucionar las controversias por vías pacíficas que mostró la elite gobernante se puso a prueba en el mes de octubre cuando un grupo de manifestantes que reclamaba por servicios básicos fueron reprimidos por las fuerzas armadas iraquíes. Este suceso produjo un cambio en los reclamos de los manifestantes, que actualmente exigen la renuncia del gobierno y un llamamiento a elecciones democráticas.
En este sentido, puede concluirse que el corriente año fue un conglomerado de situaciones que amenazan y ponen a prueba constantemente la (in)estabilidad del país. Si bien Irak a nivel político y territorial se encuentra lejos de su completa reconstrucción, el 2019 puede caracterizarse como un año que marcó socialmente a la población iraquí, quienes a pesar de sus diferencias se unieron con el objetivo de dejar de ser el blanco de corrupción y represión por parte del Estado.