claramente un punto de inflexión. Con las victorias en marzo de Palmira y sobre todo en Alepo, esta tendencia de mayor fortaleza se va a acentuar inexorablemente a favor del gobierno sirio y difícilmente éste no pretenda plasmar su posición fortalecida en las negociaciones de paz. Aunque tanto Bashar Al-Assad como Kerry y Mogherini, entre otros, han afirmado que la victoria del gobierno en Alepo no pondrá fin a la guerra, las potencias occidentales que sostienen a las milicias opositoras ven cada vez más lejano el derrocamiento del presidente por medio de una victoria militar. El objetivo de la coalición entre Siria, Irán, Rusia y Hezbolá en lo relativo a Alepo parece ser poner al próximo presidente de EEUU, Donald Trump, frente a un hecho consumado de cara a las futuras negociaciones de paz.
No obstante, nada de esto prefigura que el conflicto, que ya lleva cinco años, esté llegando a su fin. Puede que una etapa esté consolidada; por un lado, la posibilidad del alejamiento de Al-Assad del poder parece alejarse. Por otro, el autodenominado Estado Islámico ha perdido no sólo la ofensiva sino también presencia en zonas estratégicas. Hoy sus dos bastiones (Raqqa en Siria y Mosul en Irak) están sitiados por sus enemigos. Esto no quiere decir que su peligrosidad se esté terminando sino que, incluso podría crecer de la mano de cambios en su estrategia terrorista. Pero dado el carácter multifacético de esta guerra -donde se entrelazan contradicciones tribales, económicas, religiosas y geopolíticas-, con un amplio abanico de facciones combatiendo entre sí, haciendo y deshaciendo alianzas constantemente y con intereses decididamente antagónicos conlleva la certeza de que la violencia, la inestabilidad política y la crisis económica, humana y de infraestructura marcarán la realidad de Siria por largo plazo.
RODRIGO MEDIN
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Muchos cambios, para que no cambie nada
Cuando se termina un año y aunque no se haga de manera deliberada, la necesidad de hacer un balance siempre golpea la puerta. En la región de Medio Oriente, el mapa político y geográfico esta siempre en movimiento, y eso no difiere de lo que pasa en Palestina-Israel. Sin embargo, la complejidad del conflicto no ha disminuido.
La posibilidad de una tercera intifada, con sus terribles consecuencias tanto para la población palestina e israelí, como para el proceso de paz, estuvo a instantes de ser una realidad. De alguna manera está siempre presente dentro del imaginario colectivo de ambas sociedades, y es algo que a los líderes políticos no se les escapa.
Casi como un disco rayado, el proceso de paz sufrió una nueva etapa de estancamiento. Las fallidas conversaciones de París y la inexistencia de reuniones bilaterales, ha significado el recrudecimiento de de la ocupación israelí sobre palestina, así como las respuestas violentas a la misma.
Con respecto a la política interna de ambas partes, pareciera ser que estuvieron encaminadas a no hacer un esfuerzo para destrabar el conflicto. La coalición ultra conservadora en Israel, no ha sido tímida en marcar el rumbo hacia profundizar la política más estricta con respecto al conflicto con los palestinos.
Por el lado palestino, la imposibilidad de concretar elecciones en Cisjordania y en Gaza y los altibajos en las relaciones entre Hamas y Fatah, tampoco contribuyeron a destrabar el conflicto con Israel.
La victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses sin duda traerá coletazos en la región. La parcialidad del presidente electo nunca se oculto, al punto de que ha llegado a declarar que en caso de ser electo no dudaría en mudar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, gesto que no pasaría inadvertido.
Este año estuvo marcado por un gran “que tal si..?”. Que podría haber sido peor, sin duda. Pero también pudo haber sido el año en que se de el primer paso hacia la paz. La posibilidad de una solución al conflicto está a la vuelta de la esquina, solo falta empezar a caminar hacia allá.
LIC. MARIANA MALDONADO
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Monarquías del Golfo: la paz que nunca llegó
Las Monarquías del Golfo han transcurrido un 2016 que se ha revelado no sólo como un año de nuevos desafíos, sino que ha dejado en evidencia ciertos “fracasos” por objetivos no cumplidos –principalmente en relación a la crisis yemení-, deteriorando así la imagen internacional de estos países.
El terrorismo y los conflictos internos, que han convulsionado gran parte de la región de Medio Oriente y Norte de África, han afectado el corazón mismo del Golfo: el 4 de julio, en vísperas de Eid el Fitr - celebración islámica que marca el fin del mes del Ramadán-, se produjeron tres atentados suicidas en diferentes ciudades de Arabia Saudita: Jeddah, Qatif y Medina. El consulado de los Estado Unidos, una mezquita en Qatif, y el estacionamiento de la Mezquita del Profeta Mahoma, fueron objetivos de diferentes ataques que, aunque no dejaron un gran número de víctimas fatales, preocuparon por la importancia simbólica de estos lugares para el Islam y, más aún, por burlar la inteligencia saudí. Se debe destacar que Medina es la segunda ciudad santa más importante para el Islam (después de La Meca), donde se encuentran enterrados el Profeta y sus dos sucesores inmediatos.
Sin embargo, la no resolución de la guerra civil que se está produciendo en Yemen ha tenido numerosos efectos negativos en la región: en primer lugar, la crisis humanitaria que vive la propia población del país más pobre del Golfo es innegable; hay más de 10.000 muertos, más de 37.000 heridos y 21 millón de personas necesitan asistencia médica. La infraestructura básica está destruida y el país está aislado del circuito económico-comercial, sumido en una guerra de facciones que no ha logrado mantener ningún alto al fuego o acuerdo. En segundo lugar, no se debe olvidar que la coalición de países árabes liderada por Arabia Saudita, y que comenzó sus acciones en marzo de 2015, no ha logrado cumplir ninguno de sus principales objetivos: tomar Sana’a y volver a ubicar en el poder y controlando todo el territorio al Gobierno de Hadi. De los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), sólo Omán no participa de la coalición. La prolongación de esta guerra ha perjudicado la imagen internacional del CCG y principalmente de Arabia Saudita, quienes no han podido controlar la situación y además se han visto involucrados en ataques que violan numerosos acuerdos de derecho humanitario. Por último, las represalias de los rebeldes Houthis –apoyados por Irán- frente a los ataques de la coalición traspasan el territorio yemení, teniendo lugar periódicamente en Arabia Saudita.
Más allá de los cambios a nivel internacional, tanto económico-comerciales como políticos, las Monarquías del Golfo pueden caracterizar al 2016 como el año de su fracaso en controlar la crisis en su patio trasero, en la misma Península. Sobresale aquello que no sucedió, esa resolución que aún no ha llegado y que
compromete la seguridad y la soberanía de los seis estados del CCG.
MARIA LAURA GARCIA ROKO
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Avances y retrocesos en la lucha contra el Califato
El año 2015 cerraba mostrando la peor cara del terrorismo internacional cuando un grupo de seguidores del Estado Islámico masacraba a 137 personas y hería a otras 415 en París. De manera similar comenzaba 2016, con otro atentado en el corazón de Europa cuando un grupo de atacantes suicidas asesinaba 35 civiles en Bruselas. No obstante, el Califato ha comenzado a retroceder en el terreno.
La primer noticia alentadora llegó el pasado 17 de junio cuando el Primer Ministro iraquí anunció que Fallujah había sido reconquistada tras dos años y medio de ocupación. Por otro lado, hacía varios meses que se venía planeando la ofensiva sobre Mosul, principal bastión y capital de facto del Estado Islámico en Irak. Su caída supondría un gran revés estratégico, simbólico y psicológico para los yihadistas. Así, el 16 de octubre comenzó una ofensiva militar terrestre dirigida por una coalición internacional donde más de 40.000 soldados iniciaron las maniobras para rodear y bloquear
la ciudad, cortar las rutas de suministros y así asfixiar a los militantes del grupo. En un principio, los avances fueron rápidos y se llegó a liberar más de un tercio de la parte este de la ciudad, pero luego el ritmo comenzó a descender.
Ahora bien, que el grupo este retrocediendo no quiere decir que los atentados hayan mermado. A los ya mencionados se suman las masacres de San Bernardino, Orlando, Niza, Estambul, Kabul y demás. La carga simbólica se ve en cada uno de los blancos elegidos y el Califato lo ha sabido explotar para captar adeptos a través de su moderna y masiva red de comunicaciones. Esto sigue representando un gran problema para los países occidentales que aún no logran controlar el accionar de los llamados “lobos solitarios”.
Además, sigue sumando seguidores en distintos rincones del mundo y continúa participando en Siria, Libia, Yemen, Nigeria (a través del Boko Haram) y en el sudeste asiático. Increíblemente, recuperaron la ciudad ancestral siria de Palmira, que cobró relevancia cuando difundieron imágenes y grabaciones destruyendo sus ruinas arqueológicas. Sin lugar a dudas esto representa una gran inyección anímica para el Estado Islámico y demuestra que está muy lejos de extinguirse.
AGUSTÍN DIP
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
Déficit económico en los países productores de petróleo: la disyuntiva permanente frente a los precios del crudo
A lo largo del 2016, la situación económica y financiera de los países productores de petróleo, y más precisamente, de los países del Golfo Pérsico han sobresalido
entre los principales titulares periodísticos.
La caída del precio del barril de petróleo ya era alarmante desde principios de año debido, en gran parte, al exceso de oferta en los mercados internacionales. Arabia Saudita, uno de los países productores más importantes, hasta mediados de año había jugado en este entorno como Swing Producer, que le permitía regular el flujo de producción a fin de afectar los precios del barril según su conveniencia tanto económica como geopolíticamente. Esta situación, sumada al regreso de la República Islámica de Irán a la escena internacional como productor de crudo luego del levantamiento de las sanciones económicas, significó durante el año un conjunto de intereses encontrados que alteró la dinámica de la oferta y la demanda internacional de este recurso. El Reino se alió con Rusia para hacerle frente a los bajos precios del crudo y la desestabilización que éste generaba, lo que habilitó una tentativa congelación de la producción para lograr el alza del precio por barril, llegando hoy a US$ 53,93 p/b (WTI) y US$56,69 p/b (BRENT). Cabe destacar que Irán es el principal rival del reino saudí en la región, no sólo como productor sino como exponente de la vertiente shiíta del islam.
En otro plano, el Plan Saudí 2030 resultó una de las principales medidas de impacto este año. Esto se debe a que expone el cambio de mentalidad al interior del Reino saudí en pos de aliviar su economía, intentando revertir su dependencia casi al 100% de los ingresos provenientes de la venta de petróleo. Como consecuencia de este plan, no sólo se han modificado los altos mandos de los principales ministerios sauditas (como el Ministerio del Petróleo), sino que también Arabia Saudita ha emitido bonos de deuda soberana a fin de atraer inversores, y ha decidido que en el corto plazo colocará alrededor del 5% de acciones en el
mercado del gigante petrolero, de origen saudí, Aramco.
Uno de los países a destacar por el efecto inverso que obtuvo en su economía y producción, a pesar de la crisis regional y de la inflación a nivel global, es Emiratos Árabes Unidos. Este país busca su consolidación económica a partir de una modificación considerable en la eficiencia de su producción petrolera, sumando
una mayor inversión en desarrollo tecnológico y afianzar su liderazgo en la industria petroquímica.
En cuanto a los países no productores de petróleo, encontramos crisis económicas que si bien, se ven beneficiadas por el bajo precio del petróleo, se encuentran acorralados con respecto a su situación financiera interna. Como ejemplo, a principios de noviembre el Banco Central Egipcio anunció un tipo de cambio flotante lo que garantizó el apercibimiento de un préstamo de 12 millones de dólares del Fondo Monetario internacional para alivianar la crisis financiera y el debilitamiento paulatino de su moneda.
Sumado a esto, Arabia Saudita suspendió el suministro de combustible a Egipto debido a las persistentes tensiones ambos sobre el conflicto en Siria, lo cual ha desatado el establecimiento de acuerdos para la importación de combustible con otros países: Irak e Irán. En este sentido, Egipto continúa aplicando una política de austeridad al interior del país y, en la región, tanto Kuwait como Túnez se encuentran en una similar posición con respecto a los recortes presupuestarios y subsidios.
LIC. LUCIA MARTINEZ DE LAHIDALGA y MARIA AGUSTINA CABRERA
Observatorio Región MENA
IREMAI-GEMO / UNR
2016: El año de la reinserción iraní
A lo largo del 2016 la República Islámica de Irán demostró haber puesto en movimiento su maquinaria diplomática con dos objetivos: lograr ser reconocida potencia regional por el resto de la comunidad internacional, y agregar a ese status la categoría económica que permitiría la recuperación de los niveles económicos del país y una modernización del sistema productivo. Este año se vieron los primeros efectos del Acuerdo Nuclear de 2015, como el levantamiento de las sanciones económicas que prometía una gran mejora y le permitiría salir finalmente de la situación de aislamiento internacional.
En consecuencia, inmediatamente tras el levantamiento de las sanciones económicas en enero por parte de las Naciones Unidas, Estados Unidos y la Unión Europea, Irán se convirtió en el centro de las expectativas económicas del mundo. Aprovechando esa coyuntura favorable el presidente Hasan Rohaní planificó una gira meramente comercial por la Unión Europea mostrando al país como un gran mercado con 80 millones de habitantes, con necesidades de infraestructura y que puede generar efecto derrame en la región. Alcanzando millonarios acuerdos con Francia e Italia.
En esa dirección, el presidente realizó también una gira oficial por el continente americano, visitó Venezuela con motivo de la Cumbre de los Países No Alineados, Cuba y Estados Unidos, en donde dio su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas. Esta visita fue precedida por una gira del canciller Mohammad Javad Zarif a la región latinoamericana, en la que recorrió Cuba, Nicaragua, Ecuador, Chile, Bolivia y Venezuela, con los cuales profundizó la cooperación y con varios de ellos firmó acuerdos que muestran un interés iraní en invertir en América Latina y en aumentar los lazos económicos.
El fin de las sanciones significó el crecimiento exponencial de la producción petrolera, a pesar de las propuestas presentadas por otras naciones en el marco de la OPEP en pos de un recorte de la producción para un sostenimiento de los precios, a los cuales Irán se opuso.
De todas maneras, se debe destacar que aún no se han visto reflejados en la economía todos los beneficios que fueron inicialmente pronosticados con el Acuerdo Nuclear, entre otros motivos, debido a la reticencia de los Estados Unidos de implementarlo plenamente.
Se destaca el despliegue durante el 2016 del aparato diplomático iraní para aprovechar una de las mayores oportunidades que le brindó el sistema internacional en los últimos tiempos y que le permitió ser reconocido nuevamente como un interlocutor válido en la comunidad internacional. El próximo año, con la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y sus públicas declaraciones respecto a Irán, calificando al Acuerdo Nuclear como “uno de los peores acuerdos que se han negociado nunca”, se abre un nuevo panorama que las autoridades iraníes deberán sortear exitosamente, en medio de un año electoral, para sostener los logros obtenidos.
LIC. VERÓNICA DEUTSCH y JONATÁN CARNÉ
Observatorio Región MENA